El terremoto del pasado 10 de agosto dejó al Valle del Cauca frente a una de las mayores emergencias de su historia reciente. Miles de familias perdieron sus viviendas, empresas dejaron de operar, escuelas y centros de salud resultaron afectados y cientos de miles de empleos quedaron en riesgo. Ante una tragedia de esta magnitud, la discusión no puede ser quién tiene la razón política, sino quién es capaz de hacer más por quienes lo perdieron todo. Ese debería ser el punto de partida de la bancada parlamentaria del Valle del Cauca.
Los números conocidos hasta ahora son suficientemente graves para entender la dimensión del desafío: 11.813 viviendas destruidas y 5053 averiadas; 652 instituciones educativas afectadas y 54 hospitales y puestos de salud golpeados por la emergencia. Cerca de 180.000 empleos están comprometidos y más de 5200 empresas han sufrido daños.
Detrás de cada cifra hay una familia, un trabajador, un empresario, un estudiante, un comerciante. Hay una vida que cambió de un momento a otro. Por eso el Valle necesita que sus congresistas actúen como bancada y no como partidos. Que entiendan que, en esta coyuntura, una curul no representa solamente una colectividad política: representa a una región que reclama respuestas.
La reunión del Bloque Parlamentario del Valle, realizada el pasado 21 de agosto, constituye un paso en la dirección correcta. Que congresistas de diferentes sectores, junto con la Gobernación, la Alcaldía de Cali, los gremios y representantes del sector productivo, se sienten en una misma mesa es una señal necesaria. Pero las reuniones no reconstruyen ciudades. Las decisiones sí. Ahora es cuando debe aparecer la verdadera capacidad de gestión.
El Congreso tiene que convertirse en uno de los principales escenarios de la reconstrucción. La bancada debe construir una agenda común y defenderla ante el Gobierno Nacional. Debe gestionar recursos extraordinarios, impulsar las normas que sean necesarias, exigir respuestas de los ministerios y garantizar que la emergencia del Valle no termine compitiendo en Bogotá con otras prioridades hasta perderse en la burocracia. Y debe hacerlo sin importar quién esté del lado del Gobierno y quién en la oposición.
El llamado de la gobernadora Dilian Francisca Toro a dejar de lado las diferencias políticas no puede quedarse en una declaración. Tiene que convertirse en una conducta. El Valle necesita ver a sus representantes nacionales defendiendo juntos la misma causa. Porque la reconstrucción será mucho más que levantar viviendas.
La Cámara de Comercio de Cali ha advertido que el 46 % de las empresas consultadas reporta afectaciones graves o críticas y que el 43 % no puede operar. Los pequeños negocios y los emprendimientos están entre los más afectados. Alojamiento, gastronomía y turismo, comercio e industria agroalimentaria enfrentan enormes dificultades. Si esas empresas no vuelven a funcionar, miles de familias perderán su fuente de ingresos y la emergencia social se prolongará mucho después de que desaparezcan los escombros.
También habrá que reconstruir infraestructura, recuperar colegios y hospitales, restablecer vías y servicios públicos y garantizar vivienda digna para los damnificados. Todo ello demandará una inversión que supera ampliamente las capacidades fiscales locales.
Ahí debe estar la bancada. No para disputarse el protagonismo. No para convertir la tragedia en una oportunidad electoral. Para conseguir resultados. El Valle del Cauca tiene suficientes diferencias políticas. Lo que no puede permitirse ahora es dividir también su capacidad de gestión.
Los congresistas deben comprender que hay causas que están por encima de los partidos. Esta es una de ellas. Y si no son capaces de ponerse de acuerdo para defender a la región en uno de los momentos más difíciles de su historia, será legítimo preguntarse para qué sirve una bancada regional.
El terremoto destruyó viviendas, empresas e infraestructura. No puede destruir también la capacidad del Valle para ponerse de acuerdo. Es hora de que sus congresistas hablen con una sola voz en Bogotá. Una voz que no sea de izquierda ni de derecha, de Gobierno ni de oposición, sino del Valle del Cauca.
La política volverá a tener sus tiempos, sus debates y sus diferencias. Pero hoy hay una prioridad que no admite espera: reconstruir el Valle y devolverle a su gente la esperanza de volver a empezar.
En esa tarea, el Valle no necesita protagonistas. Necesita líderes. Y, sobre todo, necesita que sus representantes entiendan que esta vez la región está por encima de la política.