El general Herbert Benavidez llega a la comandancia de la Policía Metropolitana de Cali con enormes retos. El primero es el más evidente: bajar los homicidios en una ciudad que al año, en promedio, matan a 1000 personas. La explicación de esa violencia es múltiple: choques entre bandas del narcotráfico, violencia juvenil, reclutamiento de muchachos para el microtráfico de drogas en sectores populares, una capital situada en medio de una región en conflicto como sucede en el Cauca, el Pacífico y el norte del Valle.
Desde hace más de una década, ese objetivo de cerrar el año con menos de 1000 homicidios se ha convertido en la gran meta de la ciudad en materia de seguridad. Aunque en algunos periodos se han registrado descensos importantes, como 2024, la cifra continúa moviéndose peligrosamente cerca de ese límite y con frecuencia lo supera, como en 2025.
Para lograr bajar esa curva se requiere una mezcla de inteligencia policial, que prioricen las estructuras criminales más violentas, y un trabajo coordinado con la Fiscalía para desarticularlas. También se requiere mayor pie de fuerza. Es un grito de los caleños que hasta ahora no ha sido escuchado por el Gobierno Nacional.
Además, la seguridad no se mide únicamente en estadísticas. Un segundo desafío para el nuevo comandante de la policía es la percepción ciudadana. No son pocos los caleños que sienten que Cali es una ciudad insegura. Se sale con miedo a la calle. Se suben las ventanas de los carros. Da pánico que una moto se detenga al lado. Recuperar esa confianza requiere más que operativos, una presencia constante de la Policía en los barrios, en los semáforos, en los parques.
A lo anterior se suma una preocupación creciente: la amenaza del terrorismo. Los recientes atentados atribuidos a disidencias de las Farc contra la Base Aérea recordaron que Cali no es ajena a las dinámicas del conflicto armado. La ciudad, por su importancia estratégica y económica, puede convertirse en escenario de acciones de alto impacto. Prevenirlas requerirá, de nuevo, fortalecer la inteligencia, mejorar la coordinación con las Fuerzas Militares y anticipar riesgos antes de que se materialicen.
Otro elemento clave será la estabilidad en la comandancia. En los últimos años, Cali ha tenido varios comandantes de policía en periodos relativamente cortos, lo que dificulta la continuidad de las estrategias. La seguridad requiere planes sostenidos en el tiempo.
Finalmente, está el desafío de la inversión en seguridad. En una ciudad que prioriza las foto multas, también debe hacerlo en cámaras de seguridad eficientes y elementos tecnológicos que le permitan a las autoridades ir un paso delante de los criminales. La articulación con la Secretaría de Seguridad y Justicia de Cali será determinante para lograrlo.
En conclusión, el general Benavidez llega a una ciudad agotada de la violencia. Los caleños esperan resultados concretos: menos homicidios, barrios más seguros y una policía que inspire confianza.