Las alertas sobre la posible consolidación del fenómeno de El Niño durante el segundo semestre de 2026 y en especial hacia finales del año han encendido las alarmas de las autoridades ambientales, del sector energético y de los organismos de gestión del riesgo.
Las señales son claras: menos lluvias, temperaturas más altas y una presión creciente sobre los embalses que sostienen buena parte de la generación eléctrica del país. Las probabilidades de este evento ya superan el 80 %, por lo que entidades como el Ideam, XM (operador del sistema energético), la CREG (Comisión de Regulación de Energía y Gas) y gremios como Acolgén llaman a tomar decisiones anticipadas para proteger la confiabilidad energética.
Aunque algunos expertos también hacen un llamado a la prudencia con la información para no generar especulaciones, lo cierto es que no pueden negarse los riesgos para el país que depende, en gran medida, de la generación hidroeléctrica y hoy los embalses no están en el nivel esperado para lo que se viene.
De ahí que ante estos escenarios se exija una preparación técnica y coordinación institucional entre todos los agentes para caminar hacia un mismo propósito, como es evitar que el país se quede sin la energía suficiente para funcionar.
Afortunadamente, el Gobierno Nacional ha estado atento a esta situación y la Comisión de Regulación de Energía y Gas plantea mecanismos temporales para aumentar la disponibilidad energética, facilitar la entrada de nuevos proyectos y permitir mayores aportes de autogeneradores, de llegarse a necesitar.
Pero en esto no se pueden escatimar estrategias y es necesario que se escuche también a los gremios y entidades expertas como XM, que insisten en la urgencia de preservar los niveles de los embalses y garantizar combustibles para las térmicas.
Para ello, se ve la necesidad de destrabar muchos de los proyectos de energía que no avanzan al ritmo esperado, así como abrir espacio a nuevas iniciativas. Una parte de esto se supliría con la próxima subasta de energía que busca blindar el sistema, pero como soluciones futuras y no coyunturales.
Este nuevo episodio climático vuelve a evidenciar problemas estructurales que Colombia arrastra desde hace años: retrasos en proyectos energéticos, dificultades regulatorias, dependencia excesiva de fuentes hídricas y lentitud en la incorporación de nuevas tecnologías de almacenamiento y generación, cuya falta de solución, como las deudas que se tienen con el sistema, puede crear un mayor riesgo para el país.
Colombia tiene un gran desafío, como es mantener un seguimiento permanente y coordinado entre todos los actores del sistema. El Niño no puede enfrentarse con respuestas fragmentadas ni con disputas políticas o sectoriales. Se requiere una visión conjunta y técnica que priorice el interés nacional. También será fundamental evitar que las alertas climáticas se conviertan en un argumento para alimentar procesos especulativos que terminen golpeando el bolsillo de los ciudadanos.
En un país donde millones de hogares ya enfrentan dificultades para pagar los servicios públicos, cualquier presión injustificada sobre las tarifas puede tener efectos sociales y económicos delicados.
Eso no significa desconocer que un fenómeno fuerte pueda elevar costos operativos o generar tensiones en el mercado energético. Pero precisamente, por eso se necesita transparencia en la información, monitoreo constante y reglas claras.
La invitación también es para los colombianos. El uso racional del agua y la energía no debe aparecer únicamente cuando llegan las alertas, sino convertirse en una práctica permanente.
Hoy la Nación está a tiempo de prepararse para el fenómeno de El Niño y sus consecuencias. Mucho dependerá de la capacidad institucional para anticiparse, coordinarse y actuar con serenidad.