En las que pueden calificarse como las elecciones más apretadas en la historia reciente de Colombia y faltando aún el escrutinio final con el que se oficializará su elección, Abelardo de la Espriella fue escogido este domingo 21 de junio como nuevo presidente de Colombia. Quedó demostrada en las urnas la profunda polarización política en el país, pero también se ratificó la solidez de su democracia, lo que obliga al próximo mandatario a tender puentes que permitan, desde el Ejecutivo así como desde el Congreso de la República y desde la misma sociedad, estabilizar a la Nación y recuperar la armonía entre sus ciudadanos.
Realizado el preconteo del 99,90 % de las mesas de votación, la diferencia entre De la Espriella y Cepeda fue del 0,96 %. Apenas 250.820 votos separaron a quien será el nuevo inquilino de la Casa de Nariño de quien se ganó el derecho a continuar en el Senado de la República al terminar en segundo lugar. Desde las elecciones de 1994 no se veía un margen tan estrecho en unas elecciones presidenciales en Colombia, lo que sin embargo no pone en entredicho ni la transparencia con la que transcurrieron los comicios ni la certeza en la veracidad de los resultados entregados por las autoridades electorales.
Es el momento de reconocer el trabajo de la Registraduría Nacional del Estado Civil por la agilidad en la difusión del conteo inicial de sufragios que deberá ser refrendado durante el escrutinio que adelantará el Consejo Nacional Electoral. No hay espacio para las dudas que se han querido sembrar desde algunos sectores políticos y sociales del país sobre los organismos electorales colombianos, que tal como lo han manifestado los observadores internacionales son ejemplo para América Latina y el mundo.
Concluida la campaña por la Presidencia de la República y elegido el nuevo Mandatario que asumirá el cargo el 7 de agosto próximo, ahora deberá empezar el cambio que pidieron en las urnas las mayorías ciudadanas. Tal como corresponde en un Estado democrático, es momento de escuchar la voluntad popular que habló a través del voto y pidió un viraje en la forma como se administró al país en los últimos cuatro años, cuando por primera vez subió al poder un gobierno de izquierda.
Es claro que políticas como la de la Paz Total, los problemas de orden público que afectan a la mayoría del territorio nacional, el déficit fiscal crítico con el que dejará al país el presidente Gustavo Petro o crisis como la de la salud que tocó fondo y tiene a millones de usuarios padeciendo las consecuencias, influyeron en el resultado que se conoció el domingo.
No obstante, es imposible desconocer la voz de ese 48,70 % de colombianos que le dio el apoyo a las propuestas del candidato oficialista, y que tendrá que ser escuchada como parte de la reconciliación que, sin duda, necesita la Nación. En ese proceso será fundamental la labor que adelante en los próximos cuatro años el Congreso de la República que se posesionará este 20 de julio y representa la voluntad popular, así como el respeto que se le dé a la institucionalidad, pilar del Estado de Derecho que es Colombia.
La democracia habló. Por ello es de esperar que una vez concluyan en los próximos días los escrutinios y se oficialice la elección de Abelardo de la Espriella como mandatario de los colombianos, el resultado sea respetado por todos, incluidos el presidente Gustavo Petro y su partido, el Pacto Histórico. Sobre todo, es necesario que desde las campañas políticas, las autoridades locales y regionales, así como desde los diversos sectores de la sociedad, se haga un llamado a la tranquilidad para evitar que disturbios como los que se presentaron este domingo en algunas calles de Cali y de la Capital de la República, escalen y alteren la tranquilidad de la Nación.