A 74 asciende hasta ahora, según las cifras entregadas por la Alcaldía de Cali, el número de personas fallecidas a causa del terremoto de magnitud 7,4 grados en la escala de Richter que alteró la vida de la capital vallecaucana a las 7:34 de la mañana del pasado lunes.
Es una estadística que, ante todo, debe ser lamentada por el resto de los habitantes de la ciudad, quienes, como mejor homenaje a esas víctimas fatales, deben volcarse a arropar a los 1008 heridos que dejó esta tragedia y junto con ellos a los miles de coterráneos que lo perdieron todo.
Según los mismos datos oficiales, en todas las zonas de Cali, pero especialmente en el sur, se han detectado 107 edificios y viviendas colapsadas, y otras 643 con daños en su infraestructura. En un lenguaje coloquial ellos significa que más de un centenar de familias llevan ya 48 horas de haber perdido no solo sus casas, sino la mayoría de sus pertenencias.
Y aunque es claro que la vida está por encima de todo y que muchas de estas personas se salvaron precisamente porque salieron corriendo al percibir la magnitud del sismo, también es válido reflexionar y tomar acciones en favor de quienes ahora tendrán que empezar de cero en cuanto a la consecución de sus bienes materiales.
De ahí la urgencia de que todos los habitantes de la capital vallecaucana que no resultaron afectados por el terremoto lleguen hasta los puntos de acopio oficiales que han establecido tanto la Alcaldía de Cali como la Gobernación del Valle del Cauca y fundaciones reconocidas en la ciudad, para entregar las ayudas que requieren los damnificados de esta tragedia. Como se sabe, uno de ellos está ubicado en la plazoleta Jairo Varela, otro en la Unidad Deportiva Alberto Galindo, así mismo en el Banco de Alimentos de Cali y uno más en las antiguas instalaciones de la Licorera del Valle. Este último tiene una destinación específica y son los moradores de los otros municipios del departamento que también fueron golpeados por el evento telúrico que sacudió a todo el país este 10 de agosto.
Queda claro que pasada ya la tragedia, y mientras los organismos de socorro no cesan en su titánico esfuerzo para seguir rescatando personas vivas entre los escombros, es el momento de que los caleños y los vallecaucanos muestren una vez más lo solidarios que pueden llegar a ser con quienes más lo necesitan. Ropa nueva o en buen estado, alimentos no perecederos, artículos de aseo e implementos de cocina y para dormir, además de agua, es lo que más requieren quienes tuvieron que llegar con las manos vacías a los albergues o adonde familiares o amigos que noblemente los acogieron.
Esos aportes, así como quienes han llevado herramientas a los lugares donde se necesitan remover escombros en busca de posibles sobrevivientes o han alimentado a los rescatistas, son la mejor forma de abrazar a aquellos que necesitan de todo el apoyo y la solidaridad de los habitantes del Valle del Cauca.
De igual forma, es importante acatar las medidas anunciadas por las autoridades para mantener el orden en medio de la tragedia, a fin de evitar que algunos inescrupulosos se aprovechen de la desgracia ajena para intentar sacar provecho propio de la situación o generar caos. Es el tiempo, pues, para que los caleños y los vallecaucanos demuestren, como siempre, los sentimientos de unidad y fraternidad que los caracterizan, y se sumen a esta urgente causa.