Este domingo 31 de mayo los colombianos mayores de edad tienen la oportunidad de acudir a las urnas para escoger a quien ejercerá como Presidente de la República a partir del próximo 7 de agosto. Con la jornada, que se repite cada cuatro años y puede ser apenas la primera vuelta de un proceso que se espera sea transparente, libre y seguro, se reafirma la fortaleza de un Estado que se precia de ser una de las democracias más sólidas del continente.

En esta ocasión diez candidatos, de las más variadas tendencias políticas e ideológicas, se enfrentarán con la intención de ocupar la Casa de Nariño y regir el destino de 52 millones de colombianos. En su mayoría, son aspirantes que han protagonizado largas campañas en solitario o que obtuvieron el derecho a estar en el tarjetón luego de someterse a consultas intra o interpartidistas.

La que puede concluir hoy, ha sido una contienda marcada por acontecimientos que han preocupado a los colombianos. La polarización ha llegado a niveles que no se veían desde el paro nacional de 2021, en parte estimulada por el discurso divisorio del Gobierno de Gustavo Petro. Así mismo, el recrudecimiento de la violencia en la mayoría del territorio nacional impidió que se hiciera una campaña abierta, en la que todos los candidatos pudieran desplazarse sin temor y con seguridad por los diferentes rincones del país para exponer sus ideas, dar a conocer las propuestas para mejorar e impulsar el progreso del país, solucionar sus problemas y presentar alternativas de cambio.

El magnicidio del precandidato por el Centro Democrático Miguel Uribe Turbay, ocurrido el 7 de junio de 2025, marcó el nefasto inicio de la carrera por la Presidencia de la República. Desde entonces las amenazas han recaído sobre la mayoría de los aspirantes, sin distingo de partido o movimiento político. Son intimidaciones que se trasladan a centenares de municipios cooptados por organizaciones criminales, donde proliferan las economías ilegales, y en los que el voto libre y autónomo no está plenamente garantizado, como sucede en el vecino departamento del Cauca e incluso en zonas rurales del Valle, en particular en municipios como Jamundí, Pradera, Florida o Dagua.

Será responsabilidad de la Fuerza Pública, en coordinación con las autoridades nacionales, departamentales y locales, garantizar que en todos los rincones de la Nación quienes quieran votar puedan hacerlo de manera segura y con absoluta libertad. También es su deber hacerle frente a las alertas que han hecho desde entidades como la Misión de Observación Electoral, MOE, por la posible comisión de delitos electorales en centenares de poblaciones colombianas.

La presente ha sido una de las campañas más largas y extenuantes que ha vivido el país. Han sido meses en los cuales los electores, a pesar de las dificultades de desplazamiento o de la resistencia de algunos candidatos a participar en debates públicos, tan necesarios y válidos como plataformas democráticas, han tenido la posibilidad de enterarse de las propuestas, las personalidades, los respaldos y las consignas de cada uno de los aspirantes que cumplieron los requisitos para llegar a la primera vuelta.

Queda en evidencia que las mayores preocupaciones de los colombianos siguen siendo la corrupción, la violencia, la inseguridad o el desempleo, lista a la que se suma ahora la salud, cuyo sistema sufre el peor deterioro desde su creación, hace tres décadas, debido principalmente al empecinamiento del actual gobierno no de reformar sino de destruir lo construido, aunque ello signifique poner en riesgo la vida y la integridad de millones de ciudadanos.

Por los desafíos que hoy presenta la Nación, es más que necesaria la presencia de los colombianos en las urnas. Este es uno de los momentos cruciales tanto para el futuro del país como para definir el camino que se tomará en la solución de sus dificultades así como en la proyección de la Colombia que se quiere para hoy y para sus futuras generaciones.

La invitación es a que todos aquellos que conforman el censo electoral ejerzan su derecho a votar y a escoger un presidente que ante todo represente la voluntad de cambio sin exclusiones, sin confrontaciones y sin dividir a la sociedad pese a las dificultades por la atraviesa. Hoy es el día para la democracia.