Cada cambio de gobierno abre un nuevo capítulo para Colombia. Pero en el Valle del Cauca, más que expectativas, lo que existe es una larga lista de cuentas pendientes con la Nación. Por eso, el inicio del mandato del presidente Abelardo de la Espriella debe convertirse en la oportunidad para saldar una deuda histórica con una región que aporta al crecimiento económico del país, concentra uno de los principales complejos industriales de Colombia, alberga el puerto más importante sobre el Pacífico y, pese a ello, ha visto cómo proyectos estratégicos permanecen durante años atrapados entre promesas y retrasos.

El anuncio del presidente electo de convertir a Cali en una de las sedes alternas del nuevo Gobierno es, sin duda, un gesto político de enorme significado. Si se traduce en una presencia permanente del Estado Central en el Suroccidente, en una interlocución directa con las autoridades locales y en decisiones oportunas para resolver los problemas de la región, será una buena noticia para el país.

La relación con el Valle del Cauca no comienza de cero. Hay proyectos estructurados, con estudios avanzados y con necesidades claramente identificadas, que simplemente han sido postergados por falta de decisión política. La gobernadora Dilian Francisca Toro ha sido enfática en señalar cuáles son las prioridades regionales: el respaldo definitivo al Tren de Cercanías, el dragado de profundización del canal de acceso a Buenaventura, la consolidación del acueducto regional, el impulso a las vías estratégicas como la Mulaló-Loboguerrero, el fortalecimiento de la seguridad y la recuperación económica de Buenaventura. No se trata de nuevas aspiraciones; son iniciativas cuya ejecución ha venido acumulando retrasos y cuya materialización tendría un impacto nacional.

La administración saliente dejó una sensación compartida entre amplios sectores del Valle: la de un Gobierno que no respondió a los compromisos adquiridos con la región. Varias de las grandes obras anunciadas permanecen sin financiación o sin avances significativos, o simplemente fueron depositadas en el olvido. Por ello, el departamento ya no necesita más promesas. Necesita cronogramas, recursos y decisiones.

El nuevo presidente encontrará en Cali y el Valle un aliado para el desarrollo nacional, pero también una ciudadanía más vigilante. La seguridad sigue siendo la principal preocupación de los habitantes. El fortalecimiento de la Fuerza Pública, el combate contra las economías ilegales, la recuperación del control territorial en corredores estratégicos y la protección de Buenaventura son condiciones indispensables para que cualquier política económica produzca resultados duraderos. Sin seguridad no habrá inversión suficiente, ni turismo sostenible, ni generación de empleo. Es de esperar que las políticas manifestadas por el presidente De la Espriella en ese sentido, se materialicen en acciones decididas en el departamento.

Sin embargo, reducir la agenda regional únicamente al orden público sería un error. El verdadero potencial del Valle está en su capacidad logística, empresarial, agroindustrial, tecnológica y exportadora. Cada peso invertido en mejorar la competitividad de esta región tiene efectos que trascienden sus fronteras y benefician a toda Colombia. Apostarle al Pacífico colombiano significa fortalecer la inserción del país en los mercados internacionales y aprovechar una ubicación geográfica privilegiada que durante décadas ha estado subutilizada.

También será fundamental que la relación entre el Gobierno Nacional, la Gobernación del Valle y la Alcaldía de Cali se construya sobre la base del respeto institucional. Las diferencias políticas no pueden convertirse en obstáculos para ejecutar proyectos que benefician a millones de ciudadanos.

El presidente Abelardo de la Espriella inicia su mandato con claras señales de que pretende fortalecer la presencia del Estado en las regiones. Esa decisión política deberá traducirse rápidamente en hechos. Cali no puede ser únicamente una sede alterna del Gobierno; debe convertirse en una prioridad efectiva dentro de la agenda nacional. Y el Valle del Cauca no puede seguir esperando que las obras estratégicas permanezcan en el escritorio mientras el tiempo encarece los proyectos y limita las oportunidades de desarrollo.

Los gobiernos pasan; las necesidades de las regiones permanecen. Esta es la hora de demostrar que el discurso sobre la descentralización puede convertirse en una política pública eficaz. Si el nuevo Gobierno logra destrabar las grandes obras, fortalecer la seguridad, respaldar la competitividad y devolverle al Pacífico el lugar estratégico que merece, habrá dado un paso importante para reconciliar a la Nación con una de sus regiones más dinámicas.