El accidente ocurrido a comienzos de este mes, en el que una ambulancia se volcó y derribó un poste y un trasformador, volvió a poner de presente una situación que lleva décadas en Cali tratando de ser controlada sin éxito: la llamada guerra del centavo entre estos vehículos, que por la naturaleza de su servicio están llamados a preservar la vida y no a provocar la muerte.
Sin embargo, lo que ha hecho carrera en la ciudad es que muchos de estos carros, o mejor, quienes los conducen, pongan en riesgo la vida de las personas que son transportadas en ellos o jueguen con la solidaridad de otros usuarios de las vías, que se hacen a un lado para darles prioridad bajo la premisa de que si andan a alta velocidad es porque llevan un paciente que está en riesgo inminente de muerte si no es transportado a tiempo. Pero resulta que son múltiples los casos de ambulancias que han sido sorprendidas usando sirenas e incluso pasándose en rojo los semáforos sin que lleven herido o enfermo alguno.
Por eso es propicio que la Secretaría de Salud Distrital, que no está facultada para sancionar las faltas que cometen quienes conducen una ambulancia, haga equipo con sus pares de Tránsito, e incluso con la Policía, para hacer operativos que den cuenta de quienes se están aprovechando de las prerrogativas que pueden tener estos vehículos en las calles para usarlos con fines distintos a transportar a una persona que necesita recibir ayuda médica con urgencia. Resultado positivo de esa labor son los 1354 comparendos que se han impuesto por esta razón desde enero del 2025 en la capital vallecaucana.
Pero claramente el accidente mencionado evidencia que la guerra del centavo denunciada tantas veces con respecto a los conductores de estos vehículos amerita que se intensifiquen esos operativos, de manera que se garantice que no sigan siendo utilizados para conductas ilegales como trasladar delincuentes de un lugar a otro de la ciudad o incluso estupefacientes, como se conocido en algunas oportunidades.
Por eso es importante que, actuando de manera rápida para no poner en riesgo la vida de una persona que en realidad necesite atención médica prioritaria, las autoridades, ante la sospechosa de que una ambulancia que vaya con las sirenas encendidas y con exceso de velocidad no esté atendiendo una situación de ese tipo, adelanten las respectivas pesquisas para evitar que algunos se sigan burlando de las normas y sacando provecho de la solidaridad de quienes todavía se hacen a la orilla del camino para darle paso a un vehículo cuya misión es la de supuestamente ayudar a salvar vidas.
Pero también es necesario que se intensifiquen los controles por parte de las EPS, IPS y demás entidades de salud que contratan ambulancias, porque no puede ser que, como también sucedió en días pasados, se detecte que un carro de este tipo ande con placas supuestamente alteradas o que su conductor solo tenga pase para manejar motocicleta. ¿Dónde están los procesos rigurosos de contratación al personal que, al menos en el papel, deberán realizar labores precisamente destinadas a contribuir a la preservación de la vida? ¿Quiénes están detrás de esta guerra del centavo que, según las denuncias, se libra en las calles para llevar un herido a un centro asistencial específico de la capital vallecaucana, sin importar si es el más cercano o no al donde ocurre un accidente de tránsito, por ejemplo?
Basta ya de jugar con el dolor y la angustia de un enfermo que necesita recibir atención médica urgente, llevándolo a toda velocidad por las calles de la ciudad, violando las normas de tránsito y exponiéndolo al peligro de que, encima de su delicada situación de salud, sea víctima de un accidente, bien sea porque quien lo transporta quiere ganarse una coima o porque no está lo suficientemente capacitado para responder por la vida que le está siendo encomendada. No se puede generalizar diciendo que las 394 ambulancias que existen en Cali, en su gran mayoría pertenecientes al sector privado, realizan prácticas que rayan en la ilegalidad, pero es deber el gremio depurarse de quienes siguen desdiciendo de una labor tan importante para la preservación de la vida.