Columnistas

La normalización de la estupidez

Cuatro años en el poder y ni una mirada de reflexión al espejo. Paz para la impunidad. Rendición disfrazada de diálogo.

GoogleSiga a EL PAÍS en Google Discover y no se pierda las últimas noticias

Willy Valdivia Granda es director ejecutivo de Orion Integrated Biosciences y especialista en inteligencia artificial aplicada a la defensa, la salud pública y la seguridad nacional.
Willy Valdivia Granda es director ejecutivo de Orion Integrated Biosciences y especialista en inteligencia artificial aplicada a la defensa, la salud pública y la seguridad nacional. | Foto: Willy Valdivia

1 de jul de 2026, 03:14 a. m.

Actualizado el 1 de jul de 2026, 03:14 a. m.

En noviembre de 2024, en el reporte Peace on the Brink, advertimos que el Clan del Golfo fingía unidad para negociar con el Gobierno, aunque la mitad de sus estructuras no se sometería. Preferían el negocio con cárteles extranjeros y las rutas del narcotráfico. El Gobierno, como ‘compromiso’ de la Paz Total, ofreció purgar a sus propios oficiales, precisamente los que estorbaban al narcoterrorismo. A eso lo llamaron ‘jugar a los congelados’. El resultado: el Clan del Golfo creció un 140 %.

No fue un accidente. Fue un patrón. Las disidencias de las Farc se enquistaron en el suroccidente —Cauca, Nariño y Valle—convirtiendodecenas de municipios en tierra de nadie. Para el Gobierno, sus líderes eran gestores de paz a quienes se les debía suspender cualquier acción militar y protegerlos. Así, el EMC de Iván Mordisco creció a 4000 integrantes; el 37 % eran menores de edad: cerca de 1500 niños reclutados, como reconoció el propio Ministro de Defensa en el Congreso. No era la excepción. En el EMBF de Calarcá, los menores representaban el 15 %; en el Eln, el 10 %; en el Clan del Golfo, el 5 %. Más de tres mil infancias compradas como mercancía —500.000 pesos por un niño, hasta dos millones por una niña— y convertidas en escudo y tropa de ejércitos criminales.

Nada de esto escandalizaba a los adeptos. Alzaban la bandera de Palestina por el genocidio a diez mil kilómetros, pero no por los niños arrancados del Cauca, de Nariño y de los barrios de Cali. Su compasión con pasaporte también era miope: no vio los casi 1,5 millones de víctimas registradas por la Unidad para las Víctimas en estos cuatro años, ni que el 72 % correspondía a hechos ocurridos bajo este Gobierno. A quienes denunciaron, el presidente los convirtió en enemigos. El Valle se quedó sin Tren de Cercanías, sin dragado de Buenaventura y sin la vía Mulaló–Loboguerrero.

Así se gobernó: castigando territorios, premiando criminales y tapando cada escándalo con símbolos. La espada de Bolívar a la entrada de la Casa de Nariño. La bandera del M-19. El sombrero de Pizarro convertido en estandarte. La iconografía terrorista de quienes tomaron el Palacio de Justicia y lo dejaron arder con la Corte Suprema adentro.

De la mano de la Segunda Marquetalia regresó el crimen con el que la izquierda se victimizaba —el magnicidio de Miguel Uribe Turbay—; entonces vino el silencio. La ‘potencia mundial de la vida’ tampoco oía caer 113.608 hectáreas de bosque arrasadas en 2024, un 43 % más que el año anterior. Ni oyó los disparos asesinosde 48 líderes ambientales. Potencia de la vida, campeona de la muerte.

Las urnas despertaron como agua fría a una militancia eufórica de creerse ganadora. Derrotada, respondió con negación y gritos de fraude, pero con silencio ante los votos de fusily con campesinos carnetizados. Eso también es fraude, pero no lo nombran. Y aún no se posesiona el presidente electo y ya se atrincheran.Hacia afuera, una oposición que promete hacer ‘invivible’ el país, ‘alzarse en armas’ y ‘desobediencia civil’. Hacia adentro, purga en busca de traidores.

Cuatro años en el poder y ni una mirada de reflexión al espejo. Paz para la impunidad. Rendición disfrazada de diálogo. Gestores de paz para quienes reclutan y asesinan niños. Vandalismo como protesta. Fraude solo cuando pierden. Esa es la normalización de la estupidez. Y también su verdadera derrota.

Willy Valdivia Granda es director ejecutivo de Orion Integrated Biosciences y especialista en inteligencia artificial aplicada a la defensa, la salud pública y la seguridad nacional. Con más de 20 años de experiencia, ha colaborado con organismos internacionales, asesorado a la Unión Europea y liderado proyectos en América Latina, Europa, Asia, Medio Oriente y África. Actualmente, también se desempeña como profesor adjunto en una universidad de Estados Unidos.

Regístrate gratis al boletín de noticias El País

Descarga la APP ElPaís.com.co:
Semana Noticias Google PlaySemana Noticias Apple Store

AHORA EN Columnistas