Arquitecto de reconocidos proyectos, como la Urbanización Nizaen Bogotá, Willy Drews (Pereira, 1937–2026 Bogotá), hermano de Hans, también arquitecto, con quien colaboró antes de su pronta muerte, egresó de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de los Andes en 1959, de la que poco después fue profesor y luego decano y miembro de su Consejo Superior. Dictó cátedras y ponencias en otros países; es autor de Pensamientos, palabras y obras,2012, basado en su ensayo ¿Arquitectos nuevos, educación vieja? y de Arquitectura en prosa, 2016, donde señala la importancia de la arquitectura en novelas y cuentos; además de columnas en varios medios, como en La República, San José de Costa Rica, y Arcadia, Bogotá, enfocadas en la pedagogía de la arquitectura.

Fundador con Raimundo Gómez de la firma Drews & Gómez Ltda. en 1989, Drewss e decantó por la línea crítica al Movimiento Moderno, evidente en las obras de los arquitectos escandinavos, disidencia iniciada en Colombia por Rogelio Salmona. La certera afirmación del famoso arquitecto finlandés Älvar Aalto (1898-1976) en el sentido de que “Lo innecesario se vuelve feo” viene como anillo al dedo cuando Drews afirmaba que en los países pobres los edificios deben servir mientras su estructura lo permita, anticipándose a la arquitectura regenerativa, pues, como también él ya lo dijo, aun no entendemos que nuestra responsabilidad con nuestra comunidad y las futuras generaciones no se reduce solo a lo que hacemos, sino a lo que permitimos que se haga.

Como dijo Drews: “Curiosamente, se ha creado silenciosa e imperceptiblemente una tendencia a uniformizar la forma de hacer nuevos arquitectos que se ha transmitido de país en país y de generación en generación, hasta el punto que, conjugando el engañoso verbo generalizar, podríamos decir que la enseñanza de la arquitectura es igual en todas partes y en todas partes deficiente”. Las imágenes, principalmente de los exteriores de las edificaciones, son lo único que llega a las facultades, a través de las revistas -y ahora por internet- en donde, afirma Drews, se vuelven doctrina a pesar de su ‘información’ sin mayor rigor, ya que usualmente siempre se omite el ineludible análisis de cada caso y el deber de hacer pública la crítica consiguiente.

Pero, por fortuna, y a lo que Drews contribuyó, en algunos programas de arquitectura, cada vez hay más visitas a los mejores ejemplos de arquitectura, y que sean pertinentes a la geografía e historia de cada lugar, ya que, como también él lo pensaba, la arquitectura “siempre ha sido un arte y siempre ha utilizado la técnica disponible, sin la cual la arquitectura sería imposible”, añadiendo lúcidamente que: “Es el arte de aplicar una técnica”. Además, en Colombia la ley establece una ética para los arquitectos, pero, recuerda Drews, no existe la del diseño, y, para peor de males, en los medios de comunicación no suele darse el crédito del responsable del proyecto del que hablan, limitándose a promocionarlo; y la crítica de arquitectura ha sido muy escasa.

Finalmente, y como ya se escribió en esta columna (Arquitectas V, 08/09/2016), igual que todo lo mencionado antes sobre Willy Drews, él se preguntaba: ¿Dónde están las arquitectas? (Arcadia, Bogotá, 09/2012), aclarando que “la arquitectura no es el único campo donde la poca presencia del sexo femenino en los podios se ha hecho frecuente a lo largo de la historia. De 450 premios Nobel adjudicados entre 1901 y 2006, solo 12 fueron recibidos por mano de mujer. Igualmente escasa ha sido la presencia de la mujer en la elite de las artes”. Como decía Drews, “desde tiempos inmemoriales se condenó a la mujer a dedicarse a las cuatro ‘C’: casa, catre, cocina y crianza”. Pero ya más de la mitad de los estudiantes dedicados a la arquitectura son mujeres, como lo quería él.