‘Cuántico’, un concepto relativamente nuevo construido por la Ciencia para ampliar (¿y superar?) la física determinista de Newton que ya quedó (en parte) obsoleta frente a los nuevos descubrimientos. El término nace del concepto ‘cuanto’, partículas diminutas que están en continuo movimiento y son más pequeñas que los átomos. Pero lo interesante de estas partículas es que tienen características aplicadas a todo el universo. La Ciencia no lo sabía y eso (por decir lo menos) la descolocó. Las características suceden a todo nivel, macro y micro. Los cuantos siempre están en movimiento, no se puede predecir su próximo cambio (incertidumbre), están todos conectados y varios observadores frente al mismo fenómeno, ven diferente porque cada observador altera el proceso. Mirar ya es intervenir.

Pues bien, la carreta anterior para explicar un poco cómo hoy, fruto del temblor, cada quien puede estar explicándose el fenómeno de manera diferente, cómo muchos pueden seguir ‘viviendo’ el momento, cómo cada quien tiene su propia explicación del asunto, cómo a muchos no se les ha terminado el terremoto, cómo cada quien está buscando superar el miedo, a su manera, con rezos, meditaciones, ejercicios, trago, medicamentos, terapias… En fin lo importante es destacar y respetar el proceso individual porque no existe nada que ‘normalice’ la experiencia o que convierta en manada a quienes lo vivieron. Y es allí en este suceso, donde se puede aplicar la cuántica sin muchas complicaciones o ‘disquisiciones científicas’.

No podemos pretender una sola explicación, una sola reacción, una sola sensación. “Temblor cuántico: la vibración de todas las realidades posibles en el instante en que una conciencia las observa”. Por ello, cada vez que escuchas a alguien dando su versión, es como si oyeras algo ‘nuevo’, una sensación particular que difícilmente coincide con otras que ya escuchaste. Pero sientes que ‘tu explicación’ es única porque nadie sintoniza con la tuya. O estabas desayunando, o estabas en la escalera, o escuchaste el ruido, o corriste a buscar el niño. O como le sucedió a más de uno, salir desnudos porque así estaban en el momento del temblor. No hubo vergüenza, ni pudor, ni pena: solo miedo y este los lanzó a la calle. Pero claro que pocos habrán vivido y oído la historia de mi amiga, que el terremoto la cogió en el momento de quedar anestesiada para una colonoscopia y cuando despertó en la calle, acostada en la camilla y vio el cielo azul, lo primero que pensó fue “me morí y este es el cielo”… historias que hoy se escuchan cómicas pero guardan el desconcierto de una situación inesperada.

El temblor cuántico tendría tres modalidades. El primero, más impactante y del cual no puedo sustraerme, el temblor personal. Todo se sigue moviendo en el interior a pesar del intento de normalidad que busco. Fue tan fuerte el impacto que a lo de antes jamás regresaremos, no volveré a ser el de antes y pudieron aflorar sentimientos, miedos, dudas, o recuerdos muy escondidos que ni siquiera reconocía. Momentos para tomar conciencia, pensar en la muerte, en la futilidad de las cosas materiales… ¿ligero de equipaje?

Pero también están el temblor físico y el temblor colectivo, ambos sucediendo en forma simultánea. El físico lo anuncian las señales de celular y el observatorio de sismos. El colectivo lo percibo en la medida de tantas miradas sobre los mismos acontecimientos y no se construye una misma realidad. Los cuantos (individuos) cada uno observando, analizando y concluyendo. La realidad nunca será única y es claro que la física cuántica es la que más ha contribuido a valorar (y respetar) la diferencia porque la objetividad no existe y cada quien interpreta el mundo de acuerdo a su mirada. Desde la cuántica, los tres temblores que hoy nos acompañan…