Antes de las elecciones del 8, hubo un derroche de recursos por parte del gobierno Petro. Además, se utilizaron los medios de comunicación del Estado en abierta acción política en favor del denominado Pacto Histórico, como lo acaba de reconocer la Misión de la Unión Europea, cosa igualmente prohibida por la Constitución y la ley. Se despilfarraron los dineros públicos y se aumentó la deuda oficial, con perspectivas horrendas hacia el próximo cuatrienio. Fueron palpables así mismo los estropicios de un gasto público exagerado -incluido el salario mínimo- en busca de grandes votaciones. Todo sin importar el desempleo subsiguiente, por los altos costos que generaba la nueva nómina.
Y se arruinó la salud colectiva, cambiando un sistema que podría haberse mejorado, cierto, pero no destruido como ha ocurrido. Son tantos los hombres, mujeres y niños que han muerto por falta de drogas, entre los cuales el país sigue conmovido por la muerte del pequeño Kevin Acosta, de seis años, sin que se le proveyera de su droga vital indispensable.
El conjunto de todo esto, en realidad, ha sido un desastre. A esto hay que agregarle que el hombre que nos gobierna viaja como el Judío Errante, por todos los paralelos y meridianos, para que sientan que es una figura mundial. Fariseo y narciso. Gastos incalculables para sí mismo, como que están camuflados. Y a esos derroches hay que sumarle otros gastos enormes de su exesposa, la bailarina de escote golpeante y caderas al vuelo. Por cierto, fue ella quien anduvo con pasos sospechosos en Suecia cuando la compra muy cara de los aviones.
Todos los colombianos sabemos acerca de estos cuentos, que él, Petro, trata de despistar con los gastos que están bien calculados para su acción política. Y hasta podría agregar con cinismo, que para eso es el poder. Y, por supuesto, hace retoques en las estadísticas ocultando la deuda pública dentro de ese crecimiento incomparable, que hace perfilar mayores impuestos y por supuesto desgracias económicas.
Su sucesor podría ser el señor Iván Cepeda, el correveydile de las Farc, a las que incorporó a las fuerzas del partido comunista su propio padre, Manuel Cepeda Vargas. Él, Iván, quien también es miembro del partido comunista, ha andado siempre por allí, pero lo niega, fingiendo que dizque es un emisario de la paz. Sí, de la paz de los sepulcros.
Por eso es tan grande esta mujer -!Que vivan las mujeres!-, que ganó las elecciones el pasado domingo. Aquí, en esta columna, la hemos promocionado con razón como un gran elemento de la democracia y del futuro. Paloma Valencia, dulce, hermosa y muy atractiva, de risa abierta, mente fresca, ágil, sin odios y movida por un sentimiento liberal en cuanto busca la paz y el bienestar de todos los colombianos.
Ella ganó limpiamente la votación y en su campaña se siente la alegría y el ánimo de victoria. Álvaro Uribe ha sido una especie de mentor espiritual y político, no solo porque la conoce y sabe de sus virtudes, sino porque la ve como la futura mandataria que pueda devolvernos la paz y el progreso. Ella es la futura presidenta de Colombia. A nada más aspira el expresidente Uribe, que ha recorrido con ella el país y lo volverán a hacer arriesgando sus vidas, porque ambos son valerosos como siempre, aun en el recorrido de los territorios que se han retomado las tormentosas fuerzas alzadas en armas, amigas del gobierno.
A simple vista, pienso que César Gaviria y el Partido Liberal pueden darle su apoyo a Paloma, como igualmente lo puede hacer el Partido Conservador, y Cambio Radical y la U, y otros demócratas, y quedan conformadas las mayorías del Congreso y las mayorías invencibles de las clases populares y media y profesionales del país. Se ve, como se puede observar en el juego de billar, bola a bola. No es más que trabajar un poquito. Ahora, si Paloma vence, un buen candidato como también lo es De la Espriella, votaría por ella con gusto. Y si la cosa llegare a ser al contrario, Paloma y todos nosotros votaríamos por el abogado costeño, que pareciera ser cierto que es un tigre.
Sin duda, la luz se ha hecho.