Muchas veces, como ya lo dije en otra columna, encuentro muchas sabidurías entre las personas más sencillas, sin tantos abolengos y títulos universitarios. Personas felices sin tener tantas cosas materiales, que trabajan con amor y son ejemplo de paciencia y buena vibra. Personas que arrastran una sabiduría ancestral que las hace vivir la vida sin necesidad de tantas consultas en redes sociales, información que un día dice una cosa y al otro día dice lo contrario.
Hay un caso que es un ejemplo sobresaliente de esto y se trata de alguien que llegó a mi vida, un buen venezolano, el viejo Richard. Entró a trabajar conmigo en una construcción como obrero raso y terminó de maestro de obra. Eso pasó porque desde un comienzo demostró tener una disposición y una paciencia que cualquier gurú o chamán quisiera.
Sin chistar, hacía cualquier función en la obra y si tenía que repetirla porque no estaba como yo en mi arrogancia lo había pensado, lo hacía de una manera tan hermosa, que, de allí en adelante se convirtió no solo en el director de la obra, sino mi maestro espiritual y existencial.
Hoy en día somos grandes amigos y tiene una costumbre, que ‘hace mi día’ (como lo dijo Clint Eastwood): todas las mañanas tengo un mensaje en mi celular, deseándome lo mejor y que Dios me dé mucha vida acá en este plano terrenal.
Así puedo citar varios ejemplos de personas que son mis amigos y que trabajamos juntos, Diego, Saúl, Cecilia, que viven contentos y sin tantas complicaciones que muchas veces tenemos los que supuestamente somos más estudiados y pertenecemos a “regias familias de tierra caliente, ala, chinazo”, bueno, es un decir capitalino.
Estamos en tiempos donde cada día hay menos personas así; el campo se va quedando sin jóvenes que migran a las ciudades, que pierden su vocación del contacto con la tierra y terminan engrasando a las masas citadinas de adictos a las redes, ansiedad y depresión; sé por qué lo digo.
Como dice el dicho ”no todo lo que brilla es oro" por lo cual mi reflexión es la siguiente: tengamos mucho cuidado de creer todo lo que se nos dice en las múltiples ‘sabidurías’ que hay en el sistema, tratemos de vivir más en contacto con la naturaleza y aprendamos a respetarnos y valorarnos y cuando conozcamos gente sencilla, así sean habitantes de la calle, humildemente aprendamos de ellos que la vida entre más sencilla más fácil de vivirla.
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Posdata. Recomiendo una película de ‘Netflix’ que muestra una historia verdadera muy hermosa sobre cómo le cambió la vida a una pareja, acaudalada y a punto de separarse, al conocer a una habitante de la calle. Aprendieron ese mensaje del que hablo. La película se llama ‘Tan distinto como yo’, nos sensibiliza y nos vuelve más compasivos, por lo menos a mí. Ojalá algún día podamos volver a lo básico y que nuestra sabiduría sea de aprender a respetar las diferencias y acoger sin mirar a quién. Feliz día para todos.