Me pasé cinco horas en la televisión siguiendo la posesión de El Tigre, Abelardo de la Espriella. Fui parlamentario y llevo 40 años escribiendo columnas de opinión en Colombia y sigo sin entender cómo Abelardo de la Espriella es nuestro presidente actual.

Ese milagro de llegar al Palacio Presidencial sin haber sido concejal, ni siquiera de un pueblo costeño, no había sucedido en Colombia. En 10 meses, Abelardo de la Espriella, con excelente campaña y discurso, lo logró.

Es ingrato el oficio de opinar cuando a uno no le hacen caso. En esta columna, antes de la posesión del presidente De la Espriella, rogué que los discursos fueran cortos, pero no me hicieron caso. El presidente habló por 85 minutos y de ñapa, ante los militares habló 45 minutos, larguísimos como los otros discursos. Los 398 invitados al final estaban muy fatigados.

Mis amigas de la peluquería elogiaron la sobriedad de la primera dama (y no me gusta el término primera dama). En la misma peluquería comentaron la ruptura entre Verónica Alcocer y la señora catalana Eva Ferrer, que tuvo gran poder en el Palacio Presidencial, pero no tanto como el de las hermanitas Guerrero, que gozaron las mieles del poder por ser cercanísimas a la hoy expresidente Petro.

Extra, última hora: Antier a las 7:34 de la mañana tembló en Colombia, en especial en el Chocó, Manizales y en Cali; por suerte, hasta ahora no han culpado al expresidente Uribe, ni a Paloma Valencia, ni a Donald Trump de empujar ese terremoto.

Un terremoto desató el presidente De la Espriella: trasladó de cárcel a un centenar de señores antioqueños con un ‘interesante’ pasado judicial. Es que cayeron infantilmente en el show del tarimazo en Medellín que produjo furia en Colombia.

El exsenador uribista Ernesto Macia Tovar lanzó este trino: “¿Es verdad que Gustavo Petro utilizó el avión presidencial- FAC 0001- para facilitar la salida de Colombia de su esposa Verónica Alcocer? Si es así, ¿quién autorizó el vuelo y cuánto le costó a la nación? Penosamente, este gobierno del cambio y de las izquierdas, castristas o marxistas, termina apagando incendios por asaltos financieros”.

Yo quería que acertara el gobierno de izquierda, pero me pifie y colorín colorado.