Los países necesitan, cuando la situación es más compleja, liderazgos que señalen un horizonte de prosperidad y seguridad. Y no solo con planteamientos retóricos, sino de verdad. Ello quiere decir que tengan el sustento de una vida auténtica. O sea, que estén respaldados por una trayectoria que así lo acredite y por una plataforma electoral que sea consistente con esa trayectoria.

Eso es Paloma Valencia. ¿Cómo logró entre tantas mujeres que están haciendo política? ¿Cómo logró distinguirse entre tantos presidenciables con trayectorias muy significativas en el nivel ministerial? Pero lo más importante, ¿cómo logró colocarse en un puesto sobresaliente en esta contienda electoral que como nunca ha contado con una pluralidad de candidatos, algunos de ellos con carreras admirables como figuras eminentes de lo que, desde la Constitución de 1991, se denominó la carrera política ejecutiva, o sea, la de alcaldes y gobernadores?

Lejos de cualquier forma de populismo, Paloma Valencia ha sido una congresista ejemplar. Tres periodos en el Congreso como senadora. Siempre atenta a los debates de control político, siempre lista a llevar a las instancias judiciales decisiones que considera que vulneran los derechos de los más vulnerables. Firme, contundente, sin claudicaciones.

Muy consciente de los gravísimos problemas de orden público, como los que ha sufrido personalmente en el departamento del Cauca.

Escuchar la descripción de lo que ha venido ocurriendo en ese departamento deja al interlocutor sin aire. Un departamento que le dio varios presidentes a Colombia.

Es sorprendente que todas estas circunstancias no la hayan contaminado del pesimismo que embarga a buena parte del país. Paloma es optimista y transmite optimismo. Un valor indispensable para una nación que ha sufrido tanto. No es un optimismo vacío; tiene el respaldo de su valiente desempeño como congresista y la consistencia de muchos años de lucha política.

No es de izquierda. Tampoco de derecha ni de centro. Categorías que deberían estar en desuso. Es una dirigente ilustrada con la capacidad de tomar decisiones apropiadas más allá de los rótulos.

Todo indica que su hora parece haber llegado. Y que, superada exitosamente La Gran Consulta, importantes fuerzas políticas se identificarán con su aspiración presidencial, contagiados por el optimismo auténtico que representa Paloma.

La integridad de Paloma en todas sus dimensiones no tiene sombras. Impecable.

Leal a las instituciones democráticas, al imperio de la ley, a su partido, a sus jefes y colegas.

De fuertes convicciones, sin dobleces, siempre creíble. Siempre ha exhibido un coraje físico y moral.

Maneja los temas, aun los más sofisticados, con solvencia, porque dicen quienes han trabajado con ella que es juiciosa y muy estudiosa. Por ejemplo, el tema de la Inteligencia Artificial como lo contó el periodista Ricardo Galán, en nada le es ajeno, pero tampoco anda haciendo alarde de sus conocimientos.

Paloma está bien preparada para ejercer la presidencia. Y en un momento de odios y enfrentamientos, su presencia es un bálsamo. A ella no hay que recomendarle que propicie la unión de los colombianos para propósitos comunes, y tampoco hay que darle consejos sobre el trato con la oposición. De allá viene y sabe lo importante que es la tarea de la oposición para garantizar un buen gobierno.

Es que Paloma es una demócrata experimentada que conoce bien el juego gobierno - oposición.