Me amo y saludo el día con un corazón rebosante de amor, de dicha y gratitud. Gracias, estoy vivo.
En comunión contigo, Dios, amo lo que es fácil amar y lo que parece imposible de amar.
Dios, agradezco la belleza, la alegría y la armonía que me rodean, y las valoro al máximo.
Soy feliz al reconocerte, Señor, en todas las cosas y en las personas. Te amo y te doy gracias por todo.
El júbilo es como una piedra lanzada en medio de un estanque; las ondas se expanden.
Lo hacen hasta los extremos más lejanos y pueden regresar al centro. Todo se expande.
Dios, mi amado, con gratitud y amor hay alegría en mi ser y la comparto con todos.
El amor puro es un bálsamo que sana todas las heridas, todos los daños y todas las penas.