El famoso etólogo Konrad Lorenz, estudió la agresividad y mostró que no es violencia.
Gracias a la agresividad sobrevivimos en el proceso evolutivo: nos da energía, coraje y resistencia.
El secreto está en canalizarla bien, con actividades constructivas, de modo que no degenere en violencia.
Es lo que necesitan los jóvenes que buscan identidad y reconocimiento: alternativas atrayentes y positivas.
Un joven apasionado por un deporte, un arte o una labor social, no pelea para mostrar su valía.
Un joven rico en amor y espiritual, soporta presiones del grupo y no se desgasta en lo que no cuenta.
Padres y abuelos, es ahí en lo que hay que poner el énfasis: en el amor y los valores, no en lo material.
Triste que algunos padres dan cosas, pero no dan amor, brillan por su ausencia y recogen amargos frutos.
@gonzalogallog