Dios, eres digno de toda alabanza y mi alma te bendice por tu amor infinito y tu inmensa bondad.

Eres luz que nunca se apaga, fuente de paz y perdón, principio y fin, alfa y omega.

Estás en la parte y en el todo, en lo pequeño y lo grande, lo alto y lo bajo, en mí desde siempre y para siempre.

Me acompañas sin cesar, me levantas cuando caigo, eres mi bastión, mi refugio y mi solaz.

Eres descanso para las almas fatigadas, eres el Dios siempre fiel, siempre cercano, tierno y amoroso.

Mi reto es tenerte muy presente; sacúdeme cuando me duermo y guíame si extravío el sendero.

Si confío en ti nadie podrá amedrentarme, y estaré a salvo, sin rodar por la pendiente del desespero.

Te amo, Señor, y quiero ser un humilde instrumento de tu amor, un buen hijo tuyo y un hermano para todos.