En lo personal, me siento bien y orgulloso de hacer parte de los millones de personas que seguimos por la televisión los actos protocolarios de la posesión de Abelardo de la Espriella como nuevo presidente de la República de Colombia, el pasado 7 de agosto en la ciudad de Cali.
Junto con mi esposa, Montserrat, escuchamos detenidamente el positivo y democrático discurso del Doctor Honorio Miguel Henríquez Pinedo, presidente del Senado de la República, y el significativo y elocuente discurso de posesión de Abelardo de la Espriella como nuevo presidente constitucional de Colombia para el período comprendido entre el 7 de agosto del 2026 al 7 de agosto del 2030.
Considero que el discurso del señor presidente de la República estuvo cargado de importantes propósitos democráticos que buscan orientar su programa de gobierno y darle un norte ético al mismo. Anoto que los nortes éticos, en sí, no tienen color político, social o partidista, pues son universales. Tales son los casos de la cero tolerancia con la violencia, el despilfarro, la corrupción, la desigualdad social y la contaminación ambiental, lo mismo que gobernar desde las regiones y para las regiones, para citar algunos de ellos.
Como los principios y nortes éticos, en sí, no tienen color político o social, invito a los diversos sectores políticos, sociales, gremiales, étnicos y religiosos, entre otros, para que, unidos en la diferencia, reivindiquemos en el diario actuar de toda persona nortes éticos, que son, en últimas, los que mejor definen a las personas sean de derecha, de centro o de izquierda.
En ese sentido, me pareció muy oportuno, para el futuro democrático de Colombia, que el presidente Abelardo, reiterara que gobernará desde las regiones y para las regiones. Igualmente, que se tendrá cero tolerancia con la violencia, mucho más cuando es completamente falsa la idea que algunos sectores políticos nos han querido vender durante años, según la cual, existe violencia buena y violencia mala, cuando lo concreto y lo real es que todas ellas, como ha pasado en Colombia, han terminado afectando el derecho a la convivencia pacífica de la población colombiana y son contrarias a los principios universales de la Democracia y de los Derechos Humanos.
Igual pasa con la corrupción y el despilfarro, que, en las condiciones particulares de Colombia, han terminado siendo los mejores aliados y alimentadores de la violencia y de las desigualdades sociales en Colombia.
En esa misma hoja de ruta democrática que nos trazó el presidente Abelardo en su discurso de posesión como presidente de Colombia, también considero importante invitar a las personas que votaron o no por él, a que nos unamos en la diferencia a fin de trabajar por hacer realidad un país más justo, democrático, equitativo y solidario.
En esa perspectiva, y como el tema es nuevo para muchas personas, sería importante que, a iniciativa de varias instituciones y personas, entre ellas el periódico El País de Cali, se convocara a un diálogo social en Cali, con presencia del presidente o vicepresidente de la República, sobre la novedosa iniciativa de la Patria Milagro.
En ese orden de ideas, y manteniendo mi independencia en mi forma de actuar y de pensar política y socialmente, junto a otras personas de la diversidad política y social del Valle del Cauca, voluntariamente nos hemos unido en la diferencia, a fin de contribuir a un diálogo fraterno, no solo con el Gobierno nacional, sino también con los gobiernos locales y regionales, pero, ante todo, a la construcción de una nueva cultura en las relaciones ciudadanas donde primen ante todo, los principios democráticos y éticos, de la cero tolerancia con la violencia y la corrupción entre otros, lo mismo que la solidaridad, el respeto y colaboración recíproca, pero ante todo de saber gozar con los éxitos de otros.