Decía yo en una columna de opinión anterior que de Gustavo Petro podrán decirse muchas cosas, incluso las peores, pero no que fuera un presidente intrascendente. Pues bien, a propósito de la agitada relación con el Gobernante de la Casa Blanca en Washington, hay que decir que dentro de las “peores” cosas que se han dicho de nuestro presidente, sin realmente serlo, han sido las de ser narcotraficante (“jefe del narcotráfico”, le ha dicho un par de veces Donald Trump) y de recibir una amenaza directa: también tiene “los días contados”, como Nicolás Maduro en Venezuela, como si el nuestro fuera un presidente ilegítimo.

“Tiene que cuidarse el trasero”, le dijo de forma más bien vulgar el envalentonado Presidente de los Estados Unidos, para felicidad de algunos y preocupación de la mayoría.

No se trata de si se es petrista o antipetrista, gobiernista o se milita en la oposición. Como persona y como gobernante, Gustavo Petro podrá tener muchos defectos (bastantes y complicados), pero ninguno de esos es ser un narcotraficante y eso lo saben muy bien todos, incluidos sus críticos y contradictores. De manera que celebrar este tipo de ataques de parte de Donald Trump, incluyendo la posibilidad de intervenir militarmente en Colombia, es una actitud indigna, por decir lo menos.

Ha resultado en verdad muy afortunado que la diplomacia se esté abriendo camino en la relación de Colombia con Estados Unidos, justo en momentos en que la captura de Maduro puso las cosas en otro nivel, cuando se creía que las amenazas norteamericanas eran nada más parte de una retórica amenazante o una estrategia para generar presión política. Porque soy de los que cree que, si bien deponer violentamente a Gustavo Petro del poder no es en realidad una opción realizable para los norteamericanos, la posibilidad de desestabilizarlo de otras maneras si era y sigue siendo muy real. Igual está el hecho de que un buen día amanezcamos con la noticia de que un misil gringo haya caído, sin consentimiento colombiano, sobre un campamento de un grupo ilegal o un laboratorio de coca en Cauca, Nariño o Norte de Santander.

Esa llamada telefónica de la que tanto se habla cambió todo (por ahora) y abre una oportunidad de oro para darle vuelta positiva a una situación que ya estaba escalando a mayores. Cuando se hace uso del diálogo y la diplomacia pasan cosas tan sorprendentes como que ahora Gustavo Petro sea para Donald Trump un presidente honorable, luego de haberlo tratado de “enfermo”, narcotraficante e ilegítimo, esto último pese a haber ganado ampliamente la última elección.

Es incierto lo que pueda terminar saliendo de la cercana reunión entre estos dos gobernantes. En lo esencial, el hecho de mantener cada uno posturas tan radicalmente enfrentadas en temas tan sensibles como la lucha contra el narcotráfico, las relaciones internacionales, el uso de la fuerza y el cambio climático, entre otros, hace poco optimista el vaticinio sobre sus resultados. Pero algo bueno, así sea mínimo, habrá de salir.

De hecho, dadas las muy particulares personalidades de ambos mandatarios, algunos le apuestan a que “se van a caer muy bien”.

Conviene por lo pronto que nuestro Presidente se abstenga de calificativos degradantes u ofensivos para con Trump (igual que contra la oposición política interna en Colombia) y deje de lado insinuaciones como las de volver a tomar las armas, por ser innecesarias e inviables en cualquier caso.

Estos son tiempos muy complicados y llenos de riesgos e incertidumbres con la aparición de Donald Trump en el escenario global y sus recientes incursiones en el vecindario más cercano. Y está claro que sus intereses no expresan una genuina preocupación por la democracia, la legalidad, los Derechos Humanos, un orden internacional justo y equilibrado, sino pura y llanamente intereses económicos.

Pero al menos cabe esperar que tenga claro, más allá de cualquier duda, que Gustavo Petro no es narcotraficante, ni un presidente ilegítimo y que la relación con Colombia debe ser digna, pacífica y de cooperación aun en medio de enormes diferencias.

Porque Colombia no es Venezuela, ni Gustavo Petro es Nicolás Maduro.