Quien ha tenido la suerte de una vida relativamente saludable, y hoy se jubila a los 60 años, debe contar con que, muy probablemente, vivirá unos 30 años más. En ese período va a requerir disciplina, cuidados, y medios para mantener una buena calidad de vida. La nueva longevidad es una realidad y un reto para la sociedad, comparable en términos de impacto, con los retos de la inteligencia artificial y el calentamiento global.
Enfrentar este nuevo desafío requiere acciones decididas y prontas a varios niveles. Muchas individuales, otras sociales y otras más del Estado. En los tres niveles hay infinidad de aspectos a considerar.
A nivel individual, más allá de la genética y el destino, cada cual tiene que encargarse de:
* Mantener hábitos saludables, sobre los cuales hay miles de textos que se han escrito y se siguen escribiendo.
* Desarrollar nuevas habilidades. Recordando que jubilarse no es retirarse del todo, sino cambiar de actividades.
* Practicar la solidaridad, la cooperación y la gratitud, ya que los fines nobles invariablemente tienen enormes beneficios.
* Lograr un adecuado balance entre el placer y el deber, pues representa la clave de la salud mental.
* Construir un entorno con familiares y amigos y trabajar proactivamente para mantenerlo.
* Entender que la soledad lleva al deterioro.
* Cambiar la obsesión de la búsqueda del éxito por los pequeños logros cotidianos, algo que puede ponerse en práctica desde antes de la edad de jubilación.
* Mantener siempre un propósito activo, que se va modificando en la medida en que pasan los años y sobrevienen las infaltables limitaciones.
A la sociedad le corresponde reconocer y modificar su insensibilidad hacia los adultos mayores. Todas las instituciones de la sociedad, incluyendo familias, colegios, universidades, iglesias, empresas, tienen que jugar un rol más activo para ayudar a superar los tan prevalentes prejuicios sobre las personas de edad.
El Estado tiene que definir no solo quién se va a encargar de los ancianos que se queden solos, sino ofrecer a los adultos mayores un lugar más preeminente en la sociedad. A lo largo de la historia, muchas poblaciones se han beneficiado de la experiencia, inspiración y sabiduría de sus mayores. No es sensato gastar grandes presupuestos preparando un capital humano para desecharlo a través de jubilaciones tempranas, justo cuando la persona está lista para compartir una sabiduría acumulada de muchos años.
En el año 2026, casi una tercera parte de la población colombiana, aproximadamente 17 millones de personas, requiere cuidado diario. En nueve años, el país necesitará el doble de cuidadores formales, quienes, en su gran mayoría, son mujeres. Estas cifras por sí solas plantean un reto enorme que demanda una acción inmediata por parte del Estado.
La sabiduría y experiencia de los adultos mayores se acumulan con el paso del tiempo y se constituyen en un recurso muy valioso. Los años se encargan de desarrollar tres habilidades que tradicionalmente han convertido a muchos adultos mayores en sabios consejeros: identificar patrones, reconocer causas y anticipar efectos. La sociedad gana si les permite a sus adultos mayores utilizar dichas habilidades más libremente.