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El aceite que no se puede prestar
No se puede pedir prestado el alimento del alma, pues cada uno debe asumir su propia verdad existencial.
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7 de nov de 2026, 09:18 p. m.
Actualizado el 7 de nov de 2026, 09:18 p. m.
Por: Monseñor Diego Fernando Guzmán, vicario Episcopal para Desarrollo Humano Integral de Cali
No es ajeno al ejercicio de la fe, que nos toca vivirla a la luz de la inmediatez. El mundo presente nos exige respuestas rápidas para los problemas de nuestro tiempo. No obstante, la vida real, la que ocurre en los territorios y en nuestras comunidades de fe, está marcada por otra dinámica: la espera.
Jesús nos presenta hoy la parábola de las diez vírgenes. Basados en la cotidianidad de la vida judía de su tiempo, en el contexto de una boda, nos muestra el valor de la espera y la paciencia. La espera por el novio se prolonga, en la oscuridad de la noche se muestra la verdad del corazón de quien espera. La parábola es ante todo una invitación a la forma como habitamos y asumimos nuestro presente y qué llevamos realmente en nuestras lámparas.
“Tardándose el esposo, todas cabecearon y se durmieron”. Es particularmente curioso que en el relato las diez vírgenes se durmieron, es decir, que nos cansemos por la velocidad de vida no es el problema, en ello sensatos e insensatos nos cansamos, el agobio del alma ante la dificultad de la vida es parejo. La diferencia relevante radica en lo que llevaban en la alforja para asumir la demora y el agobio de la vida. Las prudentes asumieron el compromiso profundo desde la previsión, la madurez, y lo que llamaríamos una reserva interior que sostenga la luz de la fe cuando los recursos se vuelven escasos.
“Aquí viene el esposo, salgan a recibirlo”. Cuando llega el momento de las definiciones en la vida, puede suceder que nuestras lámparas estén a punto de apagarse y entonces llega el “Dennos de su aceite, porque nuestras lámparas se apagan”. Pero la respuesta de las prudentes encierra una profunda verdad existencial y espiritual, que demanda de todos estimular nuestras dimensiones de la vida desde la responsabilidad, sin delegar ni improvisar en el último momento.
No se puede pedir prestado el alimento del alma, pues cada uno debe asumir su propia verdad existencial. El ‘aceite’ no es otra cosa que la consistencia íntima y madura que cada uno va construyendo en su relación con Dios, en una coherencia diaria que se estima por la provisión espiritual que se tenga. Ante las afugias de lo inmediato y de último momento, debe emerger el trabajo paciente del crecimiento personal y comunitario de cada discípulo. Que no nos sorprenda la medianoche de la vida con el tanque vacío, sino con el fuego interior, lleno del amor infinito de Dios, para ser luz clara y constante, iluminando los caminos oscuros de la sociedad, en apertura a la confianza del encuentro definitivo con el Señor de la vida. Amén.
Mensaje escrito por el Arzobispo de Cali y sus obispos auxiliares para los lectores de El País.
6024455000






