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Motivaciones del voto

El electorado en general en las democracias atraviesa una transformación profunda, es menos predecible, menos fiel a las estructuras políticas tradicionales y a las ideologías.

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Marcos Peckel.
Marcos Peckel. | Foto: El País.

7 de nov de 2026, 09:17 p. m.

Actualizado el 7 de nov de 2026, 09:17 p. m.

Barrieron los demócratas en las legislativas de medio término en Estados Unidos, se hicieron a un cómodo control del Senado y amplio en la Cámara de Representantes, resultado que quizás sorprendió solo por la magnitud de la victoria azul. Y ya aparecieron analistas a sacar conclusiones sobre el 2028, la próxima jornada electoral que define el inquilino de la Casa Blanca, manifestando que a la luz de los resultados, “un demócrata será el próximo presidente de Estados Unidos”, afirmación a todas luces, prematura. En 2028 cualquier cosa puede pasar.

En las democracias maduras de Occidente se está viviendo un fenómeno de electorados volátiles, poca o ninguna afinidad partidista, ausencia de ideologías en el debate, izquierda y derecha con significados diferentes hoy que antaño, prevalencia del voto-castigo, fragmentación del electorado, manejo de emociones más que de argumentos, mensajes breves y “pegajosos”, promesas ilusorias, personajes con carisma y un evidente ‘CVY’, como voy yo y mi bolsillo.

Cómo bajar el costo de vida, de los arriendos, de la gasolina, de los víveres, de la salud, de la educación, del transporte y demás son temas que mueven a los electores a seleccionar una casilla en los tarjetones y para lo cual las propuestas de los candidatos deben ser concretas, no ideologías trasnochadas. Quizás desde la crisis económica global del 2008, la clase media en los países ricos perdió su zona de confort, millones no divisan un mejor futuro para sus hijos, ni para sí mismos, únicamente el panorama de “matarse trabajando de 9 a 5” para poder terminar el mes y gobiernos indiferentes a su desazón.

Los gobiernos de turno que se someten al electorado tienen ventajas que responderían a la pregunta de Darío Echandía: “¿El poder para qué?”, pues para usarlo. La remontada de Lula en Brasil tiene como uno de sus factores pagos anticipados de subsidios del plan ‘Bolsa Familia’, rebaja de la semana laboral y subsidios a combustibles. Trump trató lo propio prometiendo 5 mil dólares a cada familia si los republicanos mantenían en control el Congreso, sin embargo, la poca credibilidad de la promesa no movió mayormente.

Otro factor que afecta al elector es una tecnología que se mueve mucho más rápido que los gobiernos y la sociedad y contra la cual no se han establecido límites, ni regulaciones. Empleos que se pierden a velocidad exponencial mientras que los nuevos apenas se crean. Los algoritmos, controlados por unos pocos ‘señores’ tienen mucho mas poder que los gobernantes y una inteligencia artificial cuyas consecuencias para la sociedad son desconocidas y suerte de todo tipo de especulación. Las fuentes de información de los ciudadanos son en extremo variadas, pulula la desinformación, las mentiras, las suplantaciones de voz e imagen, los ataques rastreros y las tergiversaciones.

Dada la tendencia del ser humano a moverse al interior de burbujas de pares y afines, muchos terminan viviendo en una realidad virtual que afecta sus convicciones políticas si es que las tienen y profundiza la polarización.

Las penurias económicas de amplios sectores de la población llevan a exacerbar los conflictos identitarios, el nacionalismo, el rechazo a los migrantes y a los “otros”, temas que en épocas de prosperidad o de bienestar básico no poseen mayor relevancia y son tierra fértil para populistas de todos los pelambres posando de mesías.

El electorado en general en las democracias atraviesa una transformación profunda, es menos predecible, menos fiel a las estructuras políticas tradicionales y a las ideologías. En un entorno de rápidos cambios sociales, tecnológicos, económicos y políticos, las motivaciones del voto son cada vez más diversas y complejas.

Analista internacional para varios medios en Colombia y el exterior. Fue profesor de la Universidad de Externado hasta 2022 y es actual docente de la Universidad del Rosario. Colaborador y columnista de El País desde el 2001.

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