Se establece una relación anómala en la vida pública cuando se entroniza el cinismo. Puede suceder en cualquier lugar donde gobernantes o líderes actúen con desmedida ambición de dividendos políticos, de un modo muy particular.
Con el paso del tiempo, el sentido del término ‘cínico’ dejó de ser un concepto filosófico, alusivo a la búsqueda de la virtud en la austeridad, fundado en la antigüedad en preceptos que promovían la vida simple como la de un can callejero. Ahora tiene un significado negativo usado para calificar personajes por sus ciertas actitudes incomprensibles, que la Real Academia de la Lengua define como “desvergüenza en el mentir o en la defensa al mentir y práctica de acciones o doctrinas vituperables”.
Una característica es la manipulación de la verdad y el desprecio por los hechos ciertos, mediante la construcción de alguna narrativa que favorezca sus objetivos o les permita eludir responsabilidad, aun por encima del bienestar general, sin pena alguna. Caso extravagante fue el del dictador libio Muamar el Gadafi, 42 años en el poder, sin límites morales, cuando acusaba a los libios de todos los males del país, con el cuento de que él les había entregado el poder absoluto. Si las cosas no funcionaban, era culpa de ellos.
Son cínicos Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel, y los países que lo acompañan, pues mientras hablan de paz alimenten el colonialismo y la guerra con ingentes recursos para armamento, desarrollos nucleares e inteligencia. Se respalda así la expansión del poder de ese hombre que va tras un gran Israel entre los dos ríos, ambición que recuerda el episodio de Fausto en la obra de Johan Wolfgang Goethe, cuando Mefistófeles le muestra el vasto horizonte y experiencias supremas, que pueden ser suyas a cambio de venderle su alma.
Guardadas las proporciones, hemos presenciado salidas cínicas de nuestro Presidente, que no de otro modo pueden calificarse, para mencionar solo algunas, cuando negó haber convocado a las fuerzas populares a una marcha en que participaron algunos de sus ministros, la cual llegó hasta el Palacio de Justicia a amedrentar. Por encima de las evidencias, luego lo negó a través de sus voceros y aliados de entonces, Carlos Ramón Gonzales, hoy prófugo, y Luis Fernando Velasco, investigados judicialmente.
Frente al lamentable fallecimiento del niño Kevin por causa de la omisión del sistema de salud de proporcionarle oportunamente su medicamento, el Presidente incurrió en el acto más representativo del cinismo, al culpar a la madre del niño de negligencia, una huida hacia adelante. Se sabe que las deficiencias en la entrega de medicamentos y tratamientos para la salud se deben, en gran parte, a torpezas y obstinación del Gobierno. Su proceder errático, ausencia de voluntad y soberbia que le impide reconocer errores destruyó los necesarios conocimientos y engranajes del sistema para funcionar, aunado a sus desacatos a órdenes judiciales sobre el ajuste a la UPC, con los parámetros debidos para cubrir los costos reales de la atención a la salud de los colombianos.
El obierno actúa como si no fuera su responsabilidad, con el cinismo de la zorra en la fábula de Esopo, cuando ante su imposibilidad de alcanzar el racimo se va diciendo ‘las uvas están verdes’. Sin reconocer su incapacidad de tomarlas, ella se justificó a sí misma con la farsa de culpar a aquello que no pudo obtener.