Pero no porque alguna vez se haya ido, ni siquiera porque la imagen del presidente Donald Trump en el Despacho oval de la Casa, bendecido por pastores de las más variadas confesiones del cristianismo reformado, haya roto con el laicismo que se supone inherente al Estado moderno. No. La novedad de este regreso la pone el crecimiento exponencial de una religiosidad que ya no es eclesiástica ni centralizada, sino difusa, extendida, proteiforme y sectaria si se quiere. Este mismo fin de semana está prevista la realización en Madrid de una mesa redonda sobre este insólito regreso que, bajo la pregunta: ¿Hay una revalorización de lo espiritual?, reunirá a cuatro destacados investigadores universitarios de fenómenos religiosos.

En el texto de la convocatoria se leen estas afirmaciones referidas específicamente a la situación de España: “El debate que proponemos parte de una constatación: los datos sociológicos confirman una secularización intensa, pero también la recomposición de creencias y prácticas que desbordan el eje catolicismo/ateísmo y multiplican las zonas grises entre creer y no creer. Crecen la no religión, las espiritualidades ‘subjetivas’ y la figura del ‘espiritual pero no religioso’, al tiempo que se consolidan universos holísticos (tarot, reiki, terapias energéticas, meditación no confesional) y se difuminan las fronteras entre religión, bienestar, terapia y salud. Estas dinámicas están atravesadas por género, generación, clase y origen: se feminiza la espiritualidad holística, los jóvenes combinan distanciamiento institucional y bricolaje espiritual, y el catolicismo deja de ser mayoría social”.

A mi, sin embargo, esta metamorfosis no me sorprende del todo. Llevo años investigando la religiosidad justamente allí donde parecía haber desaparecido completamente, que es en los ámbitos del arte moderno y contemporáneo. Guiado por una intuición que el investigador Antonio Valdecantos ha resumido así: “La religión es la gramática oculta, inconsciente como toda gramática, de la mayor parte de lo pensado y lo dicho. Las huellas de la religión pueden encontrarse en todas partes y no solo en los lugares sagrados, y lo sagrado no les quita su condición de huella”. En mi libro más reciente ‘Epifanías. Místicos y profetas en el arte contemporáneo’ busco y encuentro esas huellas en las obras de Anselm Adams, José Bedia, Joseph Beuys, Dario Corbeira y Rosemberg Sandoval.