Después de cuatro años de desencuentros, el gobierno electo de Colombia despertó un ambiente completamente distinto en la relación con Estados Unidos. Una excelente noticia después de cuatro años de divergencias y puertas cerradas. De un día para el otro se abre la posibilidad para Colombia de abrir un acceso privilegiado en Washington. Lo que hasta hace unas semanas eran tensiones, hoy son llamadas, trinos de felicitaciones y voluntad política. Recuperar ese tono era necesario.

Sin embargo, sería un error pensar que el futuro de la relación depende únicamente de la química entre dos mandatarios. Colombia entiende que la relación tiene diferentes puntos de contacto, porque lo hemos vivido. El acercamiento a la Casa Blanca es el primer paso. Sin embargo, se debe seguir hacia los demócratas y republicanos del Congreso, donde las iniciativas se cierran o salen adelante, y donde hay elecciones en noviembre.

Es importante mirar hacia atrás para avanzar. Hace poco más de dos décadas, el país atravesaba uno de los momentos más difíciles de su historia. El narcotráfico, la violencia y el fortalecimiento de las guerrillas hacían dudar de la viabilidad misma del Estado. En Washington existía una enorme preocupación sobre el futuro de Colombia y sobre las consecuencias regionales de esa crisis. Nos decían “failed state”.

De ese supuesto Estado fallido nació el Plan Colombia. Para quienes hoy tienen menos de 30 años, vale la pena recordarles que no fue solamente un programa de cooperación militar. Fue una estrategia política, económica y diplomática de largo plazo que permitió recuperar la seguridad, fortalecer las instituciones y demostrar que Colombia era un aliado serio de Estados Unidos. Resultó de una estrategia que tuvo en cuenta tanto a los republicanos como a los demócratas en la Casa Blanca y en el Congreso.

Pocos años después vino otro desafío: lograr la aprobación del Tratado de Libre Comercio. Tampoco fue una tarea exclusiva de los gobiernos. Colombia desplegó una verdadera campaña nacional frente al Congreso de Estados Unidos. Empresarios, gobernadores, alcaldes, congresistas, sindicatos, universidades, gremios, artistas y colombianos residentes en Estados Unidos viajaron una y otra vez a Washington para explicarle a los poderosos de ambos partidos por qué una Colombia estable, segura y abierta al comercio también era un buen negocio para Estados Unidos. En ese momento se publicó en Washington el libro publicado por el centro de pensamiento CSIS, con el título ‘Colombia, de vuelta del abismo’.

Las circunstancias de hoy son diferentes. Los desafíos ahora son de seguridad y crecimiento y también competencia geopolítica, seguridad hemisférica, migración, inteligencia artificial, energía y resiliencia económica y social. Lo que sigue vigente es que la participación del ecosistema colombiano tiene un papel tan importante como el Gobierno Nacional.

Colombia ya aprendió una lección que vale oro: las relaciones duraderas con Estados Unidos sobreviven a los cambios de gobierno porque se construyen con todo el país y con ambos partidos. Ese ha sido uno de los mayores aciertos de nuestra política exterior durante las últimas cinco décadas.

Hoy existe una oportunidad extraordinaria para volver a ser el aliado confiable de Estados Unidos. Colombia ya sabe que las grandes transformaciones en la relación con Estados Unidos siempre han sido el producto de una estrategia binacional, paciente y compartida.