La principal damnificada de los resultados y consecuencias de las elecciones del 31 de mayo es la moderación política que es lo que construye la paz social. Cuando se habla del centro político no se está definiendo una ideología sino un talante, un tono para el debate público, una aproximación a los problemas sociales mediada por la reflexión y la experiencia. Una suposición de que los extremos terminan haciendo mucho daño.

Pero, lo que triunfa en política son los extremos. Sociedades que dan bandazos entre la izquierda y la derecha, cada vez que la realidad demuestra el fracaso de una de ellas. Lo grave de la oscilación de ese péndulo es que entre tantos ires y venires lo que se debilita o se destruye es la democracia. Es una pugna amarga que se desenvuelve bajo la marca del populismo, de la demagogia, del caudillismo, amplificada por los avances tecnológicos en comunicaciones.

El actual debate político colombiano es un ejemplo de degradación de la democracia. Ha perdido toda serenidad y ha pasado del escenario de los partidos y del Congreso Nacional, que es donde debería surtirse, al mundo de la farándula, que es el de la frivolidad, de las apariencias, del mercadeo de un candidato que dice lo que la gente quiere oír y hace lo que más le conviene.

Es sobre todo el mundo de la simplificación. Un presidente de la República que habla en nombre del pueblo, que para él es la gente pobre, de la cual se considera uno de los suyos, y se empecina en prolongar su proyecto político a como dé lugar, creando casi que una realidad paralela para alumbrar su camino. Como ese camino ha estado en la práctica tan lleno de obstáculos, ha sido tan controvertido y ha desafiado tantos intereses, personas e instituciones, ha producido como reacción algo totalmente opuesto, igual de extremo y combativo. Gustavo Petro crea a Abelardo de la Espriella. La horma de su zapato.

Es entendible que las ideas de cambio del presidente Petro, que fueron planteadas desde su campaña, hayan tenido tanta acogida entre la población. Pregonó una mayor equidad social en un país muy inequitativo, mayor bienestar es un país donde está concentrado en las ciudades y en las capas más pudientes, mayor presencia estatal en un país abandonado por el Estado, pero la manera de acercarse a la solución de esos problemas fue un desafío radical al establecimiento al que considera responsable de siglos de servidumbre y atraso.

Fue el tono y el estilo, la pugnacidad, los que impidieron que esas políticas se convirtieran en obras. Cautivó a medio país, pero alentó el descontento del otro medio, que es el que hoy está triunfando en las urnas. El péndulo se devuelve con toda su indignación y en su recorrido arrasa al centro político y quizás a la tranquilidad pública. La política existe para conjurar la violencia, no para generarla. Sin embargo, no son pocos los ejemplos en Colombia y alrededor del mundo en los cuales ha sido la política la directa causante de grandes y sangrientos conflictos.

Quizás, cuando Colombia se prepara para la segunda vuelta electoral, sean los más de tres millones de votos no matriculados en los extremos, los que envíen a cambio de su apoyo un mensaje de moderación, de desarme de los espíritus, de contención de la palabra. Enfrentar con entusiasmo revanchista un triunfo electoral es tan grave como haber perdido.