Escribo esta columna en medio de esas tristezas que le afloran a uno con los años.
Uno de los últimos hacedores de campañas publicitarias que destacaron a Cali a nivel nacional, ha partido con la infinita sencillez que lo acompañó los últimos años de su vida.
En sus años mozos Jaime Correa Holguín, no siguió a pie juntillas los pasos de su padre, don Jaime Correa López, sino que fundó su propia agencia, de manera que padre e hijo llegaron a manejar la mayoría de los negocios de esa por entonces lucrativa actividad.
Con Jaime realizamos varias campañas, nos enfrentamos en otras y competimos muchas veces con las grandes agencias bogotanas en estrategias publicitarias que exaltaban ese civismo caleño que hoy tanto extrañamos.
En cierta oportunidad un grupo de beatas visitó al arzobispo de la época pidiéndole la cabeza de este pajarraco y Jaime que era asesor de la Arquidiócesis le restó importancia al tema salvándome de la excomunión.
Después de haber sido participante locuaz que recorría Corfichimbas, la Mesa de los Viernes, los almuerzos gourmet y aquellos lugares en que se juntan el placer con la sana expresión de recuerdos y vivencias y donde sus contertulios gozaron durante varios años de su grata compañía y de su anecdotario sin límites, decidió recluirse en su refugio del sur.
Hoy cuando le decimos adiós a este pajarólogo por afición, músico por vocación y amigo por devoción, nos adentramos en ese mundo tan especial y hasta nos atreveríamos a decirle enarbolando las banderas blancas de nuestros años, hasta pronto líder querido.