La tentación compulsiva de evitar el conflicto, situación que aplica a todas las relaciones interpersonales, incluyendo la crianza de los hijos y la relación de pareja, lleva a tolerar lo intolerable.
Los padres responsables generalmente crían hijos seguros de sí mismos, que se pueden defender dignamente en la vida por su propia cuenta, que son agradecidos y que se convierten en adultos honrados, sanos y equilibrados. Para obtener resultados satisfactorios en esta difícil tarea, primero hay que entender que no se trata de siempre complacer a los hijos. No es posible guiarlos bien si los padres no son capaces de hablar claro, poner límites y ser buenos ejemplos de lo que pretenden transmitir. Los discursos teóricos carecen de valor si las conductas de quienes los están pronunciando contradicen el discurso.
Uno de los padres está invalidado como modelo de identificación si no puede hacer valer sus derechos, pues ningún hijo sano querrá parecerse a un padre que no se hace respetar. Si uno de los padres es dominado por el otro, el niño puede sentir rabia o miedo con el personaje dominante, pero con seguridad va a sentir lástima, y posiblemente desprecio, por la contraparte débil.
Si el padre dominado se pregunta por qué sus hijos son desconsiderados e irrespetuosos con él, es muy probable que la respuesta esté en la imagen apocada que ha mostrado ante ellos. Una actitud vacilante sólo conduce a un deterioro de su imagen frente a los hijos. Quien se lamente de lo desagradecidos y egoístas que son sus hijos, que se revise, porque esta conducta puede tener que ver con que lo único que ha hecho es servir de manera incondicional. En un acto equivocado de generosidad, ha dado, pero no ha exigido ni respeto, ni resultados.
Una pareja en la cual el hombre vive atemorizado por una mujer dominante y egoísta puede estar criando varones pasivos que van a tener problemas en sus relaciones sentimentales con las mujeres. Así mismo, una pareja donde la madre tiene una baja autoestima y a quien el esposo vapulea a su antojo, puede generar hijas inseguras con una tendencia a tolerar abusos. En estos casos, los padres y las madres no van a ser modelos sanos de identificación para sus hijos.
La incapacidad para hablar claro puede ser especialmente dañina en la relación de pareja en la cual hay una parte pasiva y otra dominante. La temerosa posición de la parte dependiente, ya sea por comodidad o conveniencia, puede estar propiciando comportamientos inaceptables por parte del cónyuge dominante. En el fondo, el verdadero problema es que el cónyuge asustado, aguanta, calla y espera por años que las cosas cambien solas. Y las cosas no cambian solas. En consecuencia, todo sigue igual a no ser que se pongan límites.
Más vale tarde que nunca. Y quien tuvo una infancia infortunada, o eligió la pareja equivocada, o se humilló por mucho tiempo, tiene todo el derecho y la capacidad para autoafirmarse y cambiar su destino. El primer paso es ser realista y aceptar la necesidad de perder el miedo y tomar las riendas de su vida. En resumen, así sea lentamente, empezar a hablar claro hoy mismo.