Leer la Historia del siglo XX, 1998, de Eric J. Hobsbawm (Alejandría 1917 – 2012, Londres), considerado uno de los más importantes historiadores del siglo XX, permite entender mejor y más ampliamente el mundo contemporáneo y su futuro inmediato en un inevitable proceso de globalización; como él lo ha dicho: “La historia se ha acelerado a un ritmo vertiginoso, que amenaza el futuro de los humanos”. Y, en su pertinente continuación de la Historia del siglo XX, en uno de sus últimos libros, Guerra y paz en el siglo XXI, 2006, cita varias veces a Colombia, de hecho uno de los países más mencionados en él; y lleva a recordar sobre el nacionalismo, 2021, una recopilación de algunos de sus textos, publicada posteriormente a su muerte.
“América Latina […] ha sido el escenario de grandes enfrentamientos civiles: en México a partir de 1911, en Colombia desde 1948 y en diferentes países de Centroamérica…” (p. 26) “sin que se atisbe la menor posibilidad [ya en el año 2006] de alcanzar una solución… (p. 34). “Desde 1989 [la caída del muro de Berlín] se inicia “la desintegración del poder estatal centralizado en muchos de los estados independientes […] que nacieron entre 1945 y el año 2000, e incluso en otros más antiguos, como Colombia" (p. 112).
“En Colombia, una república que, juzgada según pautas latinoamericanas […] posee una plusmarca casi única en relación con la permanencia prácticamente ininterrumpida de un gobierno democrático, representativo y constitucional” (p. 127). “Salvo durante algunos breves intervalos, Colombia nunca se ha encontrado sometida al gobierno del ejército o de los caudillos populistas. Sin embargo, y a pesar de que el país no se haya visto implicado en ninguna guerra internacional, en Colombia el número de personas muertas, mutiladas y expulsadas de sus casas se ha venido contando por millares a lo largo del último medio siglo” (pp. 127 y 128).
“Cuando algunos […] intentaron establecer movimientos guerrilleros basados en el modelo cubano, la experiencia se saldó con fracasos espectaculares en toda Sudamérica, salvo en Colombia, donde grandes regiones del país habían escapado al control de la administración y de las fuerzas del gobierno central” (p.168). “Lo característico de este periodo es que las guerras civiles, u otra clase de conflictos, imposibles de encajar en el panorama general, como los incesantes enfrentamientos en Sri Lanka, Nepal y Colombia, o los disturbios en los estados fallidos […] de África, no han suscitado en Occidente más que un interés intermitente” (p. 171).
“Hay que admitir que la barbarie ha progresado lo suficiente para que se haya llegado a considerar que una represión que no produzca más que uno o dos cadáveres al día no alcanza el nivel de mortandad que automáticamente aúpa a los titulares. Pese a ello, las autoridades de países como Colombia y Perú han combatido sus movimientos guerrilleros rurales con insólita furia” (p. 175). “¿Cuál debe ser el equilibrio entre el empleo de la fuerza y el recurso a la persuasión o a la confianza ciudadana en el control del orden público?“(p. 193).
Como acertadamente lo señala Eric J. Hobsbawm en el prólogo de Guerra y paz en el siglo XXI: “El siglo XX ha constituido el periodo más extraordinario de la historia de la humanidad, ya que en él se han dado, juntos, catástrofes humanas carentes de todo paralelismo, fundamentales progresos materiales y un incremento sin precedentes de nuestra capacidad para transformar y, tal vez, destruir la faz de la tierra -sin olvidar el hecho de que hayamos penetrado incluso en su espacio exterior-. ¿Cómo habremos de pensar esa pasada ‘edad de los extremos’ o las perspectivas futuras de la nueva era que ha surgido de la antigua?” (p.7).