Columnistas
El desafío de la IA
Por los riesgos que supone crear y gestionar las IA, será también necesario aplicar una regulación internacional, más allá de una autorregulación.
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22 de oct de 2026, 03:42 a. m.
Actualizado el 22 de oct de 2026, 03:42 a. m.
n momentos en que la inteligencia artificial parece superar las capacidades cognitivas de la especie humana, es necesario como nunca antes, replantear nuestra relación con el conocimiento y la responsabilidad de quienes la desarrollan.
La forma de entender el mundo y de organizarnos evolucionó marcando hitos históricos en la filosofía, la ciencia y la ética, y ahora sucede que la IA por sus potencialidades ha tomado por su cuenta y riesgo el presente y el futuro del mundo, con sus luces y sombras. Aprender sobre sus alcances, su aprovechamiento y uso, es un inmenso reto para todas las personas y organizaciones, pues obliga a una modificación radical en el enfoque de la enseñanza y de las disciplinas y oficios.
De un lado, está la increíble capacidad de la IA a semejanza de las redes neuronales del cerebro, y su sistema de aprendizaje profundo que le permite generar información con vastos conocimientos y realizar inferencias, en un tiempo imposible para una persona. Abre el camino a avances sin precedentes en la medicina, ciencia, seguridad, la administración pública, ciudades, educación, y en general, en la gestión de asuntos de la vida, con mayores posibilidades de aprovechamiento sin limitaciones de distancias y tiempo.
En el otro lado de la IA, están los eventuales errores, sesgos, intereses o ideología de sus desarrolladores, por lo cual sus respuestas no serían inocentes ni del todo ciertas. Algunos de sus líderes siguen la corriente de la ‘Ilustración oscura’ que cuestiona la democracia y principios de la Ilustración tradicional, con visiones tecnológicas y políticas. Y hay también un aspecto negativo por la tendencia de los usuarios de limitarse a consultar la IA, sin el conveniente esfuerzo de evaluación, e incluso, se ha visto que jóvenes hacen de la IA su confidente y acompañante emocional porque aprende a conocerlos y les responde con una soltura que seduce, con lo cual se sustraen del mundo exterior.
Como la IA tomó el conocimiento acerca de las diversas materias y oficios, prevalecerá la tendencia a consultarla y prescindir de los profesionales a los que antes se acudía para resolver interrogantes sobre aquellas. La realidad es que no solo se ven en la necesidad de mantener una disciplina intelectual y experiencia a un mayor nivel que lo justifique, sino también que, de comienzo a fin, se requiere el conocimiento profesional de los principios y bases que explican la materia de que se trate, incluso desde la pregunta o requerimiento que se le haga a la IA, porque de esa forma habrá una respuesta enfocada y lo más acertada posible. También es cierto que toda nueva tecnología trae alguna pérdida de oficios o capacidades, pero se potencian otras.
Es un hecho que el desarrollo de la IA adquirió dimensiones insospechadas por sus creadores, de tal modo que resulta semejante al espíritu embotellado del cuento de los hermanos Grimm, que se escapa y empieza a crecer corpulento amenazando al estudiante, hasta que éste con astucia logra que regrese a la botella y rápidamente la tapa. Por los riesgos que supone crear y gestionar las IA, será también necesario aplicar una regulación internacional, más allá de una autorregulación.
Sin desconocer que la IA es una extraordinaria herramienta, no debemos perder de vista que le corresponde a la humanidad conservar la brújula en su camino hacia el conocimiento y la verdad.
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