Errar es humano, decían los romanos, pero perseverar en el error es inaceptable. Hay equivocaciones menudas que el tiempo disuelve y hay macro errores que marcan el destino de las naciones. De estos últimos anda bien surtido el mundo de hoy. El primero de la lista es el Brexit. En un arrebato de nostalgia imperial, los británicos resolvieron en 2016 divorciarse de la Unión Europea.

Los frutos están a la vista: un comercio de bienes debilitado y una inversión extranjera de capa caída. El decaimiento de la economía ya nadie se atreve a negarlo. Bruselas respondió con un alud de trámites y ventanillas que castigan al exportador inglés.

Y de contera, Escocia, europeísta convencida, estuvo a punto de tomar la puerta de salida del Reino Unido. Hasta el gobernador del Banco de Inglaterra recomienda ahora acercarse de nuevo a Bruselas, y el gobierno ya negocia mejorar el acuerdo existente. Lo más probable es que los británicos terminen echándose para atrás, pagando el precio más costoso de todos: masticar su propio orgullo.

El segundo macro error acaba de consumarse en Écône, Suiza. Los lefebvrianos consagraron este primero de julio a cuatro obispos sin la autorización del papa León XIV. La sanción fue inmediata: excomunión automática, como ya les ocurrió en 1988. Es una batalla perdida de antemano: la Fraternidad San Pío X cuenta con unos 600.000 fieles y poco más de 700 sacerdotes, mientras la Iglesia católica suma más de 1400 millones de bautizados. David solo derrota a Goliat en las Escrituras.

El tercer macro error es la guerra entre Rusia y Ucrania. Comenzó en 2022, cuando la prepotencia del gobierno ruso lo llevó a invadir Ucrania convencido de que lograría una victoria en apenas tres días. Lo que se anunció como una operación relámpago. Sin embargo, la resistencia ucraniana y el apoyo internacional transformaron el conflicto en una guerra prolongada que le ha costado a Rusia enormes pérdidas humanas, económicas y militares.

El cuarto macro error es el más sangriento de todos. En octubre de 2023 Hamás invadió el sur de Israel y masacró a más de 1200 personas. Semejante barbarie fue el origen del conflicto que hoy se extiende como mancha de aceite por el Oriente Medio, con la población de Gaza pagando la cuenta más dolorosa. Se sabe que las guerras son fáciles de comenzar, pero muy difíciles de terminar.

El quinto y último macro error lo tenemos en casa. El senador Iván Cepeda comenzó con un gesto que lo enaltecía y reflejaba una genuina vocación democrática: reconoció el triunfo de su rival, Abelardo de la Espriella, “como un acto de responsabilidad democrática”, y anunció una oposición vigilante, pero civilizada. Colombia entera respiró aliviada.

El descanso duró poco. Unos días después, Cepeda se echó para atrás: condicionó su reconocimiento al presidente electo y anunció nada menos que una desobediencia civil. Grave error. Le cabe al senador la célebre sentencia de Talleyrand: “Es peor que un crimen: una equivocación”.

Podsata: Este 4 de julio los Estados Unidos celebran los 250 años de su independencia. Es, sin duda, la gran nación moderna. La paradoja consiste en que tan magno aniversario tenga como anfitrión a un personaje tan sui generis como Donald Trump. Los padres fundadores no salen de su asombro.