La Fiscal confirmó que la información en los computadores incautados a ‘Calarcá’ es cierta y contiene “hechos muy graves”. Petro nombra a Wilmar Mejía, uno de los señalados en los computadores, como director de la UIAF, la entidad encargada de hacer la inteligencia financiera en la lucha contra el crimen. Al mismo tiempo, pide la suspensión de las órdenes de captura de los 23 capos más importantes de las bandas que delinquen en Medellín. Mientras tanto, el Pacto Histórico obtiene el 54 % de sus votos en 126 municipios en que la MOE advirtió que estaban bajo influencia de los grupos violentos.

Todos los hechos tienen un elemento común: Petro y su gobierno toman decisiones que ayudan abierta o encubiertamente a los grupos criminales y esos grupos favorecen políticamente al Pacto Histórico. Con los antecedentes de la campaña del 2022, con los pactos celebrados en las cárceles por Juan Fernando Petro y Danilo Rueda con los bandidos, que según confesión de Juan Fernando le permitieron a su hermano ganar la Presidencia, nada debería sorprender.

En un país civilizado, lo contenido en los computadores de uno de los cabecillas de las Farc hubiera tumbado al Gobierno. Prueba que al menos un general y varios oficiales de alto rango, así como Mejía, director de operaciones de la DNI, celebraron acuerdos con el grupo violento, le entregaron información operacional y táctica de las FF. MM. y acordaron que la Superintendencia de Seguridad Privada autorizaría la creación de compañías controladas por ese grupo.

Y no fue a las espaldas de Petro. Nombró al general como jefe de personal del Ejército y a Mejía acaba de designarlo a la UIAF. Y ha salido en abierta defensa de los implicados. La Fiscalía, por su parte, nada hizo durante los veinte meses en que ha tenido la información en sus manos.

Como si no fuera suficientemente escandaloso, Petro, a escasos cuatro meses de entregar el gobierno, pide la suspensión de la orden de captura de 23 capos antioqueños y que se excarcele a 7 que están privados de la libertad.

Ahora, si todo es jurídicamente hediondo, su propósito político es peor. Si en campaña hubo un encubierto pacto de la Picota, ahora el acuerdo se desenmascara. Busca alterar los resultados electorales en Antioquia y conseguir que en las comunas de influencia de los bandidos beneficiados por Petro se vote por su heredero.

Si a ello se suman los resultados electorales del Pacto Histórico en los municipios de más presencia de los violentos, está clarísimo: la izquierda está decidida a ganar las presidenciales a cualquier costo, incluyendo los pactos con los bandidos y el fusil en la nuca en sus áreas de influencia. Un gobierno criminal que pacta con los mafiosos, ahora para ganar las elecciones, y gobierna para favorecerlos. La Fiscal mira para otro lado. El Procurador, entre tibio y helado. La Comisión de Acusaciones, cómplice, sin duda. No queda sino la ciudadanía libre y no extorsionada. Nos jugamos la democracia, la libertad y el futuro.