Antier miércoles al caer la tarde y mientras ensayaba el repertorio para mi recital de hoy en la Fundación Valle del Lili, recibí una llamada de Diego, perdón, del nuevo señor director de este diario. De manera rápida -como todo lo suyo- me dijo que me quería notificar una cosa. De inmediato pensé que me iba a decir que Sirirí ya no iba más, habida cuenta el tono de su voz, bastante autoritario por cierto.

Ya me había sucedido hace treinta años cuando Jorge Arturo Sanclemente me manifestó que la página Gente Joven no la podía seguir coordinando porque “vas a pasar de dirigir Gente Joven a coordinar la sección ‘Hace 25 años’” y que me iba a reacomodar en cualquier otro lugar del periódico porque ya no estaba tan joven que digamos.

Sin embargo, la notificación de Diego, perdón, del nuevo señor director fue que a partir de hoy, mi columna no se iba a publicar los martes sino los viernes, en el mismo lugar que ocupó durante décadas su muy leído y premiado Martillo en el que clavó con lujo de competencia a tirios y troyanos, convirtiéndose en la columna más esperada, leída, reproducida y comentada de la prensa del suroccidente colombiano en los últimos años.

Por eso escribí recientemente que El País había ganado un gran director, pero había perdido un extraordinario columnista y miren cómo es la vida: por orden del nuevo director debo ocupar este sitio, cosa que -para serles sincero- me gusta y no me gusta.

Me gusta porque es un detallazo, pues para este espacio había otros colaboradores(as) con mejores características y entiendo que Diego, perdón, el nuevo señor director, amó y defendió este espacio con alma vida y sombrero, que fue su campo de batalla y en el cual nunca jamás bajó la guardia por más presiones y amenazas que recibió y claro, es para el aprendiz de brujo que seguiré siendo hasta cuando me digan “chao pescao”, un verdadero honor que agradezco sinceramente.

Y no me gusta porque estoy a años luz de poder y querer reemplazar a Martillo, que ha dejado una huella imborrable entre los escribanos de estas páginas editoriales y porque además los temas que suelo tocar no son siempre tan serios, ni le ponen el pecho a la brisa y en cambio se mama gallo a veces con humor y otras con sarcasmo.

Les cuento que estoy frente a un gran compromiso y a un reto y que me esforzaré por dar lo mejor de mí, aunque sigo pensando si no estaré en el lugar equivocado. De todas maneras, gracias Diego -perdón- nuevo señor director, por este voto de confianza.

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PD: Interesante escuchar a Carlos Alonso Lucio que tiene unos planteamientos sobre el porqué hay que tumbar al presidente Petro. Su charla en el Hotel Spiwak despertó mucha polvareda pues propone la creación inmediata de un movimiento cívico para evitar la venezolanización de este país.

No olvidemos que Lucio fue activista del M-19 y habló del tema con conocimiento de causa, aunque para algunos no tiene mayor credibilidad habida cuenta sus antecedentes guerrilleros. Sin embargo, repito, bueno es escucharlo y que cada cual saque sus propias conclusiones.