El presidente de Colombia acaba de sancionar la Ley 2578 de 2026, que convierte el 9 de julio en fiesta nacional para celebrar a Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. Por aplicación de la Ley Emiliani, el descanso se trasladará al lunes 13 de julio, de modo que tendremos un nuevo puente para agregar a una larga colección.
Nada que objetar a la devoción mariana ni al fervor del pueblo boyacense. Lo que inquieta es la aritmética. Con esta adición, Colombia llega a 19 feriados oficiales y se corona como el país con más días festivos entre los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. El segundo lugar lo ocupa Japón, con 18.
Todo parece indicar que 19 festivos como los que existen en Colombia son más que suficientes. Si a esto agregamos 52 fines de semana al año, podemos llegar a la conclusión de que en Colombia el esfuerzo laboral y el descanso están balanceados. Y aquí conviene detenerse en las cifras.
El japonés produce cada año cerca de 37.000 dólares de riqueza por habitante. El colombiano apenas roza los 7000. Es decir, el país que más descansa en este selecto club genera cinco veces menos que el segundo que más descansa. La conclusión es incómoda pero ineludible: nos hemos dado el lujo de las naciones ricas sin haber alcanzado todavía su prosperidad.
Somos partidarios de la alegría y de los festejos. Pero hay un consejo que emana del primer libro de la Biblia: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”. El descanso es el premio del trabajo, no su sustituto. Una sociedad que invierte el orden de los factores termina pagando la cuenta, y la asumen siempre los más pobres.
Viene a la memoria una frase que la senadora María Fernanda Cabal lanzó hace ya algunos años, cuando se enfrentó a un grupo de estudiantes que preferían la protesta al pupitre: “¡Estudien, vagos!”. La expresión fue tildada de poco diplomática. Pero en el fondo encerraba una verdad que hoy resuena con fuerza: la movilidad social no llega por decreto ni por feriado; llega por la disciplina del estudio y el trabajo. Esta vez, hay que reconocerlo, ella tiene razón.
Mientras Macron en Francia elevaba la edad de jubilación, calculadora actuarial en mano, nosotros agregamos puentes festivos como quien reparte confites. Las estadísticas demográficas y económicas son tiránicas y no perdonan a quienes las ignoran. El populismo del descanso es tan peligroso como cualquier otro, porque seduce hoy y empobrece mañana.
Cercano y vigente es el ejemplo de Argentina, país que hace décadas era uno de los más ricos del mundo. Hasta que llegaron los partidarios del descanso exagerado, cargaron de beneficios impagables al Estado y se produjo el malestar que hoy está a punto de reventar.
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Posdata. La Constitución de 1991 es anterior a la era digital, y se nota. Urge imponer restricciones a las redes para evitar despropósitos como el reciente caso del ciudadano de Texas que vino con su esposa a adoptar tres hermanos colombianos y, por un video malinterpretado, estuvo a punto de ser linchado por una turba enardecida. Medicina Legal probó que jamás hubo agresión alguna. Lo más grave es que el propio presidente de Colombia, en lugar de llamar a la calma, se sumó en las redes a la calumnia inicial. Quien gobierna a golpe de trino, tarde o temprano hiere a un inocente.