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La trampa de Hormuz

Ya hemos visto lo peligroso y dañino que ha sido para la economía mundial la aventura norteamericana en Hormuz y lo difícil que es estructurar un acuerdo estable y verificable para reabrirlo...

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Guillermo Puyana Ramos.
Guillermo Puyana Ramos. | Foto: El País.

22 de jun de 2026, 03:15 a. m.

Actualizado el 22 de jun de 2026, 03:15 a. m.

En la geografía de la geopolítica se estudia la ubicación, soberanía y poder militar sobre unos pocos puntos estratégicos para el control del flujo de recursos económicos mundiales. En términos del tráfico marítimo por el que se mueve el 80 % del comercio mundial, hay siete puntos que, de no mantenerse abiertos, pueden asfixiar la economía global. Por eso es tan importante para algunos países que haya un marco internacional sólido que garantice la neutralidad y libre circulación, o tener el poder militar suficiente para ello, o para provocar por lo menos un sofocamiento de los competidores.

Esos puntos son los estrechos de Malaca, Hormuz, Bab el-Mandeb (Adén), Suez, Gibraltar y los estrechos turcos de Bósforo y Dardaneles. Ya hemos visto lo peligroso y dañino que ha sido para la economía mundial la aventura norteamericana en Hormuz y lo difícil que es estructurar un acuerdo estable y verificable para reabrirlo, es decir, para regresar a la situación anterior a los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, que resultó ser un hueso mucho más duro de roer que los cálculos iniciales del Pentágono.

Los puntos de asfixia siempre han sido estratégicos en la configuración del poder mundial, unos desde su existencia geográfica, como el de Gibraltar y el de Malaca, otros desde que se construyeron para unir dos mares u océanos superando pequeñas barreras físicas como en Panamá y Suez. Pero con el regreso de Donald Trump al poder, la interferencia de los intereses nacionales norteamericanos con los globales se hizo más abierta y, si se quiere, franca.

El primer pulso lo ganó fácil: el Secretario de Estado Marco Rubio sentó a los panameños en una reunión de la que los invitados se levantaron anunciando que Panamá no renovaría el memorando de adhesión a la Iniciativa de la Franja y la Ruta con los chinos, y empezaron el papeleo para que la concesión que tenía la firma hongkonesa Hutchinson Holdings fuera adquirida por Black Rock, y para que una corte panameña declarara el contrato de Hutchinson inconstitucional. Así Trump apretó en su favor uno de los puntos de asfixia del tráfico marítimo mundial y se puso en condicional la neutralidad del Canal de Panamá.

Hormuz resultó más difícil y complejo, porque chocó contra un régimen nacionalista fuertemente armado que tuvo la capacidad tanto de atacar objetivos militares norteamericanos en la región, como de paralizar el paso de los petroleros de entrada y salida hacia las refinerías adentro del Golfo Pérsico. También cuentan los intereses de todos los países y regiones que dependen de que Hormuz esté abierto para sus provisiones de energía, como China, Japón, Corea, el sudeste asiático y Europa.

En orden de prioridad para contener a sus competidores y rivales, lo que seguiría sería Malaca, mucho más difícil aún porque por ahí pasa el tráfico marítimo con destino y origen en China y Vietnam. Inclusive para Japón y Corea, un control directo de Estados Unidos sobre un paso tan centralmente neurálgico se enfrentará a desafíos de política interna. Y ni qué decir del Sudeste Asiático, cuyo crecimiento económico está ligado a su asociación con China.

Los problemas que Estados Unidos ha tenido para lograr sus objetivos en Hormuz van a reducir su capacidad de extender la presión hacia Malaca o Suez, si lo necesitara. Esos objetivos, siempre cambiantes en los discursos de Trump, han ido de destruir las instalaciones nucleares iraníes, a anular su influencia en el Líbano, a tomar el control del petróleo del Golfo Pérsico. Si ninguno de ellos se alcanza, se convertirá en una trampa fatal para la mayor potencia del mundo.

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