A pocos meses de terminar el gobierno de Gustavo Petro, el Valle del Cauca puede hacer un balance más sereno y concreto de lo que recibió. Un balance que debe hacerse recordando que este gobierno fue apoyado masivamente en las urnas y que muchos esperaban que el Valle fuera una prioridad nacional. Spoiler, no lo fue.
Para juzgarlo, hay que partir de lo que prometió. En el Plan Nacional de Desarrollo y su Plan Plurianual de Inversiones quedaron cerca de 41 proyectos relacionados directamente con el departamento o indirectamente por convergencia regional. El problema no fue la falta de promesas. El Valle apareció en los documentos. Lo que corresponde revisar es cuánto de eso se concretó.
Nadie podía esperar que en cuatro años se ejecutaran trenes, aeropuertos, vías, plantas de tratamiento, corredores logísticos y nuevas sedes educativas por decenas de billones de pesos. Son proyectos de largo plazo. Pero sí era razonable esperar que varios quedaran en firme: con recursos asegurados, licitaciones abiertas o contratos adjudicados. Eso era lo mínimo exigible.
Al revisar los 17 proyectos estratégicos en infraestructura, logística, movilidad, agua, conectividad y educación, el balance es contundente. En conjunto suman más de $77,5 billones. Apenas cinco tienen avances medios o altos: la Universidad del Valle en Tuluá, la restauración del Colegio Santa Librada, la Universidad del Distrito de Aguablanca, la Universidad de Ladera y el Campus Centro del Sena en Cali. Los dos con avance alto suman $42.800 millones; los tres con avance medio, $283.800 millones. En total: $326.600 millones, el 0,42% del valor identificado.
Luego están los cuatro proyectos con avance bajo, que suman $24,3 billones. El Tren del Pacífico tiene prefactibilidad finalizada, pero sin factibilidad completa ni licitación en firme. La profundización del canal de acceso al puerto de Buenaventura sigue en estudios sin esquema de financiación. El acueducto de Buenaventura tiene obras parciales, pero sin cierre financiero: hay un Conpes, pero los recursos no están asegurados. Y la vía Mediacanoa-Ansermanuevo tiene mantenimiento, no recuperación integral.
Más preocupantes son los cuatro proyectos sin avance, que suman $26,1 billones: la conexión Buenaventura-Puerto Carreño —clave para articular el Pacífico con la Orinoquía—, la PTAR Cañaveralejo, el complejo educativo superior en Jamundí y el corredor Cartago-Nóvita. Ninguno tiene contrato de obra, licitación ni estudios nuevos relevantes bajo este gobierno.
Pero lo más grave está en los cuatro proyectos bloqueados, que suman $26,8 billones. El caso más ilustrativo es el Tren de Cercanías del Valle: la región tenía asegurado el 30 % de los recursos, pero el Gobierno Nacional no firmó su cofinanciación antes de que entrara en vigor la Ley de Garantías. Una decisión —o una omisión— que dejó paralizado un proyecto de $12 billones. Los otros tres no son menos graves: la concesión aeroportuaria de Suroccidente que incluye la modernización del aeropuerto de Palmira, venció en agosto de 2025 sin que la ANI abriera pliegos y también el de Buenaventura quedó en veremos; Mulaló-Loboguerrero lleva en arbitramento desde 2021 sin decisión; y el Corredor La Paila-Calarcá fue bloqueado por la ANI sin criterio técnico claro.
En total, los proyectos con bajo avance, sin avance o bloqueados suman $77,2 billones: el 99,58 % de la inversión potencial.
La conclusión es incómoda, pero necesaria: Petro no le cumplió al Valle. Decir que no hizo nada sería una exageración. Pero decir que le cumplió sería una falsedad. Lo más preciso es esto: frente al tamaño de lo prometido, Petro le dejó al Valle migajas.
El Valle es el tercer departamento en importancia económica del país y sigue al final de la lista en prioridad política. Este gobierno recibió un enorme respaldo electoral de la región, tuvo la oportunidad histórica de hacer más. Y no lo hizo por mezquindad. Los más afectados son la gente y la región, que no avanza mientras otras zonas del país logran sacar adelante sus proyectos. Cada obra que no se concreta representa menos empleo, menos ingresos y menos competitividad para la región.
Lo más triste: los resultados de la primera vuelta muestran un voto castigo nacional hacia este gobierno, pero en el Valle ocurrió lo contrario. La región más incumplida por el petrismo terminó premiándolo. Es una paradoja difícil de entender. Y la pregunta que queda es incómoda: ¿vamos a profundizar ese error votando por Iván Cepeda, quien encarna exactamente el mismo proyecto político que dejó el 99,58 % de la inversión estratégica sin avance real? Si el patrón se repite, ya sabemos cómo termina: con más promesas en los documentos y más billones sin mover.
El Valle no necesita más anuncios ni más visitas cada cuatro años para pedir votos. Necesita un presidente que entienda la importancia estratégica de la región, respete su aporte al país y tenga la voluntad política de cumplir. Porque el Valle que merecemos no se construye con promesas. Se construye con resultados.
@edwinhmaldonado