Así suene duro decirlo, uno de los grandes males de Cali somos nosotros, los caleños. Nada nos sirve, nada nos funciona, nada nos satisface. Cuando vemos que un amigo, vecino o gobernante emprende una tarea y fracasa, decimos que se sabía que eso le iba a pasar, que para qué se puso a inventar. Pero si algo le sale bien, entonces le buscamos el ‘pero’ de cualquier manera.
Lo que ocurrió este fin de semana con la Maratón de Cali es el reflejo de esto. Así muchos no lo sepan, este evento deportivo trajo más de 20.000 personas a la ciudad, entre ellas atletas internacionales de gran trayectoria y corredores de diferentes partes, haciendo que la ocupación hotelera llegara al 70 %. Cali, que casi siempre es noticia por la violencia, vivió una emotiva jornada con gente cumpliendo su objetivo de correr, pero había que buscar la manera de desprestigiar el evento.
La manera de hacerlo, como era de esperarse, vino con un bochinche que terminó volviéndose viral: que el atleta africano Ezra Kipketer se había caído y lesionado por pisar un hueco ubicado en el kilómetro 35 de la competencia.
El daño ya estaba hecho y de nada sirvió que el mismo corredor keniano hubiera salido a desmentir esto y reconocer que había sufrido algo que habitualmente les sucede a quienes practican este deporte: un dolor muscular.
Lo que me pregunto aquí es qué pueden tener en la cabeza esas personas que hacen virales informaciones sin confirmar, sin saber el daño que pueden causarle a la ciudad y a este gran evento, al que muchos no le dan el valor que merece.
Un porcentaje muy bajo de la sociedad practica algún deporte (el 34 %, según la OMS) y quienes son apasionados por correr, pocas veces tienen la oportunidad de hacer una maratón de este nivel en su ciudad natal o en su país.
Por eso, para muchos participar en la Maratón de Cali es especial, porque representa correr las calles de la ciudad que los vio nacer y marcarse un objetivo cercano (viajar a otras maratones es costoso). Pero también significa mucho para el comercio y el turismo, y también es un respiro para un lugar últimamente azotado por la violencia.
Pero no, para muchos de nosotros la Maratón es un fastidio porque se cortan las vías un par de horas o, sencillamente, porque pensamos que pagar por correr en el espacio público es una tontería, así no sea ni nuestro tiempo ni nuestro dinero.
Nadie puede negar que Cali en los últimos años ha tenido unas administraciones perversas, pero incluso teniendo al mejor de los gobernantes, será imposible sacar la ciudad adelante si lo único que hacemos es criticar lo poco bueno que se hace o que genera esperanza, como el deporte.
Así que si usted es de los que se ríe de ese bochinche mal contado o sufre porque otro se gasta su plata en lo que le apasiona, revísese un poco; no vaya a ser que se le pase la vida pensando que usted no progresa porque es la ciudad la que está mal y no su manera de pensar.