Uno de los términos más interesantes que aprendí durante mi tiempo en el College of International Security Affairs, en Washington, fue VUCA: Volatilidad, Incertidumbre, Complejidad y Ambigüedad. El acrónimo nació en el U.S. Army War College en los años noventa, para describir el mundo impredecible surgido tras la Guerra Fría. En aquel entonces el Muro de Berlín acababa de caer, Estados Unidos se posicionaba como líder indiscutible de un mundo unipolar, Rusia apenas se reconstituía, y China —aunque creciendo bajo las reformas de Deng Xiaoping— aún representaba una fracción de la economía norteamericana. VUCA era el marco para navegar ese nuevo desorden.
Pero para entender dónde estamos hoy hay que retroceder más. Tras el fracaso de la Liga de las Naciones en prevenir la Segunda Guerra Mundial, nació la ONU, con una misión clara: evitar otra confrontación global. Y funcionó. Imperfectamente, pero funcionó. Todos hemos visto los videos históricos de los intercambios entre embajadores rusos y norteamericanos en el Consejo de Seguridad. Ese espacio de diplomacia evitó que la Guerra Fría se convirtiera en el fin de la humanidad.
El mundo VUCA encontró su validación trágica el 11 de septiembre de 2001. A partir de ahí, con una China en ascenso y una Rusia que abandonaba su experimento democrático, comenzó a formarse el mundo multipolar. Los organismos multilaterales —ONU, Otan, OEA— seguían siendo los foros donde se negociaba el orden global.
Hoy, ese orden está de capa caída.
Mark Carney, en un reciente artículo para The Economist, describe lo que viene: “alianzas geométricas”. Ya no son los bloques ideológicos ni los foros institucionales. Son esfuerzos entre subconjuntos de países para lograr fines específicos, fuera de la diplomacia tradicional.
La reunión de la OEA de este año se canceló. La Otan enfrenta una crisis existencial ante la guerra en Ucrania y el repliegue estadounidense. China ejerce su músculo en su esfera de influencia. Y Estados Unidos, como vimos con Venezuela, aplicó una extradición forzosa para llevar a la justicia a un presidente acusado de narcotráfico.
¿Qué significa esto para Colombia, para el Valle del Cauca y para quienes lideramos empresas y organizaciones en esta región? Significa que las reglas que conocimos durante treinta años ya no aplican. Significa que la previsibilidad diplomática que permitía planificar inversiones y alianzas comerciales se ha evaporado. Significa que debemos desarrollar nuestra propia capacidad de leer el tablero geopolítico, porque las decisiones que se toman en Washington, Beijing o Moscú impactarán nuestras cadenas de suministro, nuestros mercados de exportación y nuestra seguridad.
El mundo VUCA que estudié hace años era una advertencia. Las alianzas geométricas son nuestra realidad. La pregunta ya no es si el multilateralismo sobrevivirá. No es cuestión de añorar tiempos pasados. Es cuestión de leer el tablero con ojos nuevos. La diferencia es que ya no basta con entender el desorden, hay que aprender a operar dentro de él.