Colombia no está quebrada. Pero podría estarlo.
No es retórica. Es aritmética. En febrero de 2026, el Tesoro Nacional —la cuenta con la que el Estado paga sueldos, deuda y servicios— tenía saldo para cinco días. Como si en tu casa solo tuvieras plata para mercar el jueves, y el viernes ya no sabes. Así administra sus finanzas la economía más grande del Pacífico colombiano.
Ese dato no salió en titulares. Pero explica casi todo lo que ha pasado después.
Cinco números que el relato no puede tapar. Primero: las tres calificadoras de riesgo más importantes del mundo —Moody’s, S&P y Fitch— rebajaron la deuda colombiana en nueve meses consecutivos. S&P nos dejó en BB-, la nota más baja en 33 años. No es opinión. Es el veredicto de quienes prestan el dinero.
Segundo: el déficit fiscal cerró 2025 en 6,2 % del PIB. Solo hemos estado ahí en crisis graves, como el colapso de finales de los 90 o la pandemia. La diferencia es que esta vez no hubo pandemia. Hubo política.
Tercero: las reservas probadas de petróleo se agotan en 2031 al ritmo actual. Sin nuevas exploraciones, sin nuevos contratos. El gobierno decidió no buscar más petróleo mientras vivimos del que queda.
Cuarto: la inversión extranjera cayó 30 % desde 2023. Pero más revelador: el capital colombiano huyendo al exterior creció 910 % en un año. No son extranjeros desconfiando de Colombia. Somos nosotros mismos votando con el dinero.
Quinto: la inflación lleva cuatro meses acelerándose, en 5,68 % anual, casi el doble de la meta del Banco de la República. Sexto año consecutivo fuera del objetivo.
El peso colombiano es la moneda de peor desempeño de América Latina en mayo. Brasil sube. México sube. Chile sube. Colombia cae sola. Cuando eres la excepción negativa de toda la región, el problema no es el viento en contra. Eres tú. ¿Por qué sube el dólar?
Porque el riesgo electoral asusta a los inversionistas. Porque el Banco de la República no subió las tasas cuando debía —decisión que el mercado no leyó como criterio técnico sino como presión política—. Y porque con ese nivel de déficit, el propio gobierno tiene que salir a comprar dólares para pagar su deuda.
Somos exportadores de petróleo que importamos gasolina. Tenemos tasas de interés entre las más altas de la región y aun así el capital se va. Eso no es mala racha. Es una señal de que algo más profundo está roto.
Colombia no necesita más relato. Necesita decisiones. El próximo gobierno no hereda una narrativa: hereda una caja con cinco días de vida, una deuda creciente, un reloj petrolero y una prima de riesgo que el mundo entero ya está cobrando.
El dato mató el relato. Ahora alguien tiene que hacer algo con eso.