Terminadas las elecciones el pasado 8 de marzo en Colombia, donde elegimos a los nuevos integrantes del Congreso de la República, es bueno recalcar, tal como lo han venido manifestando algunas personas, que las campañas para elegir al nuevo presidente y vicepresidente de la República el próximo 31 de mayo, en la práctica, iniciaron el pasado 9 de marzo. En esa misma semana, el próximo 13 de marzo, constitucionalmente vence el plazo para conocer los nombres de cada uno de los candidatos y candidatas a la vicepresidencia de la República.
De modo que mi recomendación, muy fraternal, por mi propia experiencia como exvicepresidente de Colombia, a todos los candidatos y candidatas a la Presidencia de la República, incluyendo a los tres que ganaron las consultas ciudadanas el pasado 8 de marzo, es que, más allá de las diferencias o coincidencia que puedan tener con algunos de ellos o ellas, durante la presente semana concentren todos sus esfuerzos en procurar encontrar una persona que política y socialmente sea diferente a ellos o a ellas. Pero que, ante todo, sin perder el espíritu de lealtad, sea alguien que los complemente muy bien en sectores políticos y sociales distintos al de los candidatos y candidatas a la Presidencia de la República.
Reconozco que los constituyentes de 1991 cometimos el error de dejar como mandato constitucional que la persona que haga las veces de candidata a la Vicepresidencia de la República, en caso de salir elegida, solo pueda cumplir las funciones que le asigne el presidente de la República.
Esa realidad, y sin perder mi espíritu de lealtad, fue la que me llevó, en ocasiones, a tener algunas diferencias con el presidente Santos, las cuales, afortunadamente y para bien de Colombia y de las personas que nos eligieron, supimos superar.
En ese orden de ideas, también considero que a los constituyentes de 1991 nos faltó mayor voluntad política para haber avanzado en la perspectiva de hacer de Colombia un Estado federal, tal como lo son actualmente, entre otros países, Estados Unidos, México, Brasil y Argentina. También nos faltó haber definido mecanismos democráticos más precisos en la lucha contra todas las manifestaciones de corrupción, despilfarro, violencia, desigualdades sociales y contaminación ambiental, así como contra la cultura de aquellas personas que, por encima de colores políticos o sociales, siempre están buscando aprovecharse del Estado a nivel nacional, regional o local.
Como todo parece indicar que el próximo 31 de mayo no se definirá la elección del nuevo presidente y vicepresidente de la República, y que lo más seguro es que la misma se decida en una segunda vuelta el próximo 21 de junio entre los dos candidatos o candidatas más votados el 31 de mayo, me permito sugerir que más allá de nuestros deseos personales, el nuevo presidente, presidenta y vicepresidente de Colombia que elijamos, sean las personas que mejor interpreten y generen confianza a la gente en cada una de las regiones urbanas y rurales de Colombia y, de manera especial, a las mujeres, lo mismo que a los niños y las niñas.
El sentido práctico de la vida nos ha enseñado que las elecciones se ganan con votos; por ello, mi sugerencia a cada uno de los candidatos y candidatas es que eviten volverse prisioneros de su pasado, de la odiosa política de las descalificaciones, de las amenazas, y que reivindiquen y reconozcan siempre el derecho a ser diferentes, tal como es Colombia.
Unidos en la diferencia, contribuyamos con nuestro voto a elegir una persona que aporte a un clima de reconciliación nacional, de diálogo social entre diferentes y de cero tolerancia con la corrupción y la violencia.