Después de la gran polémica sobre la ley seca por el Día de la Madre, de la sana intención del Alcalde, de si fue tardía o no la publicación de la medida, de las estadísticas tan preocupantes sobre agresividad ciudadana, incluso sin licor, viene un gran reto para el burgomaestre: el Día del Padre. Ese ser extraordinario que tanto ponderan Florence Thomas y Gloria H. Ese proveedor de afecto y de bienestar a rodos, merece una gran celebración que desde ahora no nos pueden opacar los violentos.

Yo estoy preocupado por tantas cosas que sucederán ese 17 de junio: en la mañana juegan las selecciones de fútbol de México y Alemania. Alguien dijo que la oligarquía colombiana se siente inglesa; los adinerados se creen gringos y el resto, mexicanos. Nos inventamos tantos motivos para pelear, que esperamos que la Selección mexicana no haga que nuestros borrachitos caseros se sientan Antonio Aguilar o Jorge Negrete y salgan a dar bala.

En la tarde juegan Brasil y Suiza. No nos sentimos suizos ni en la salchicha pero el país de Pelé, Ronaldinho, Sonia Braga y Caetano Veloso nos despierta demasiadas pasiones.

Pero ese mismo día es la segunda vuelta de las elecciones, la definitiva. Tendremos una de las elecciones más peleadas de la historia del país.
Con semejante panorama la Alcaldía redoblará las acciones: no se venderán piñas pues con su cáscara se hace excelente chicha. No se podrán consumir granadillas pues es el diminutivo de la granada y estas son armamento. Prohibido el consumo de aguacate por el contenido político en estas elecciones. Los bugueños han pedido que haya veda de papaya pues los caleños sedientos pueden acabar con su vegetal más representativo.

Como no se podrá decir “tomate uno”, queda abolido también el tomate. Tampoco se consumirá maracuyá o fruta de la pasión, pues la pasión despierta múltiples instintos. Si seguimos así no estará abierto ni siquiera el parque de los cholados en las canchas panamericanas. La violencia en nuestras calles y hogares está exigiendo medidas impensables y siempre habrá un alcalde que las aplique.

Con tanta alharaca, sólo anhelo que los hijos ese día recuerden lo que se celebra y en paz nos canten “es un buen tipo mi viejo”.