La Biblia presenta la terquedad o la obstinación como una falta de flexibilidad, orgullo y resistencia a la voluntad y a los consejos de Dios. En el libro del Éxodo se relata que Dios envió al faraón las diez plagas de Egipto debido a su soberbia. El pueblo hebreo permanecía en cautiverio y Dios envió a Moisés y a su hermano Aarón para que lo liberaran de la esclavitud. A pesar de las plagas que le fueron enviadas, el faraón estaba obstinado en mantener su soberbia y endurecía su corazón. Así fue como Dios le envió una serie de calamidades, hasta que la décima plaga, que provocó la muerte de los primogénitos, hizo que finalmente liberara al pueblo hebreo.
La terquedad o testarudez, aunque principalmente se considera un rasgo de carácter, ha sido estudiada en la historia de la medicina y la psicología bajo diferentes nombres. El síndrome de testarudez (Sistest) se define como un trastorno del pensamiento y del comportamiento en el que la persona mantiene ideas u opiniones obstinadas de forma extrema, que interfieren significativamente con sus actividades diarias.
En medicina hay pacientes que rechazan sistemáticamente consejos y tratamientos médicos razonables, bajo la creencia ciega de que tienen la razón, lo que puede llevar a un grave deterioro de su salud.
En psicología, la terquedad patológica puede relacionarse con la rigidez cognitiva, que es la incapacidad de un individuo para cambiar su esquema mental o su conducta cuando la realidad demuestra que está equivocado. A veces puede utilizarse como un mecanismo de defensa, estar relacionada con un profundo miedo a perder el control o con ansiedad ante los cambios. A menudo, estas personas no se atreven a arriesgarse.
Cuando una persona suele ser extremadamente rígida o, por el contrario, presenta cambios importantes en su comportamiento, puede ser necesario evaluar si existe alguna condición médica o psicológica subyacente. La rigidez conductual también puede aparecer en algunas enfermedades neurodegenerativas, como el alzhéimer o la enfermedad de Huntington, que pueden generar alteraciones emocionales, cambios en la conducta y pérdida de capacidades intelectuales.
En los niños desobedientes, en algún momento de su vida, puede presentarse un comportamiento de terquedad o una necesidad de llevar la contraria. En algunos casos puede tratarse de un trastorno que requiera tratamiento psicoterapéutico. También es importante el apoyo de los padres, brindándoles un entorno seguro y amoroso.
Las personas con estos trastornos pueden tener dificultades para aceptar informaciones lógicas y crear conflictos que terminan dañando sus relaciones personales y laborales. En ocasiones, se niegan a negociar o a escuchar a los demás. Esa rigidez bloquea la capacidad de adaptarse a los cambios necesarios.
Hay frases que se acuñan a través de los años: “Eres más terco que una mula”. Soltar la terquedad muchas veces es darnos el permiso de cambiar, abrirnos a nuevas oportunidades y aprender a relacionarnos con los demás.
No malgastes sabiduría en quien cree que su terquedad es inteligencia. Ser obstinado y terco en el amor solo te puede llevar a la soledad.