Se dice que los egipcios descubrieron el péndulo mil años a. de J. y lo aplicaron en la construcción de las pirámides. Se trata del mismo péndulo, cuyas leyes y trascendencia se fueron proyectando en el tiempo para que, siglos después, el francés León Foucault lo enfocara en el amplio círculo de las matemáticas.

El péndulo, por supuesto, ayudó a todas las civilizaciones. Aun es frecuente, en ciertas catedrales de Europa, encontrar que desde la alta cúpula interior central se suelta un cordel pesado y fuerte en cuya punta final cuelga un objeto de plomo como un trompo, que va haciendo recorrido en su círculo sin tocar tierra, tumbando todo lo que la gente va poniendo como obstáculo.

Digo esto, porque los hechos históricos, así mismo, han demostrado que el movimiento pendular existe también en la política y en el desenvolvimiento de la historia, en la que se juega de modo permanente. Se atribuye, sin mucho peso, al pensamiento de Hegel -aunque está probado que fueron otros- los que llegaron a establecer que en el desenvolvimiento histórico siempre sucede un hecho que se estima como Tesis, seguido de otro denominado Antítesis y finalmente llega la Síntesis como suceso nuevo. Ese, por supuesto, en un desarrollo dialéctico.

Así lo conoce la historia y así se desarrolla. Y está demostrado que el comunismo pasó a ser una simple síntesis, doblegada por la propia historia y su insuceso de la Cortina de Hierro.

Todo esto lo digo para enfocar lo que ha ocurrido en los Estados Unidos en la elección parlamentaria que acaba de pasar, en la que perdió el impositivo republicano Trump, con errores de gobierno que uno a uno remarcó el expresidente Barack Obama, el gran orientador de los demócratas. Fueron demoledores sus discursos como jefe de la campaña demócrata.

Pero por supuesto, mirando el resultado catastrófico de los republicanos, es preciso recordar la mano dura de Trump, asustando hasta el nido de la perra. Los aranceles en alza y las amenazantes diatribas de tomar de nuevo a Panamá, a Groenlandia -que ya poseen-, los desastres en Israel y una superioridad no de estadista, sino de patrón. Sí, fue el discurso minucioso de Obama el que le quitó la victoria a los republicanos.

Pero en verdad lo que analíticamente resalta es la teoría del péndulo, buscando como una salvación contra el golpe económico que han implantado los republicanos y que en momentos de crisis agobian a los pueblos y gobiernos europeos. Lo que la gente quiere y reclama es el cambio de ese gobierno autoritarista por otro en el que juegue la democracia su labor fundamental.

Es curioso, cuando el gobierno de Petro nos oprimía por los desafueros y peculados generalizados, fuera del libertinaje de sus parrandas manchando la residencia de Bolívar y usando drogas en baños y salones, cosa que no es cierta, pertenecía a la esfera individual del señor Petro; era obvio que también la democracia jugaba de nuevo el papel pendular y elegimos a un hombre fuerte y recio como De la Espriella, buscando el cambio y la virtud republicana.

Lamentablemente, el golpe sufrido por Trump hará que se sienta en las relaciones y apoyo económico que recibía Colombia, caída en desgracia después de los derroches petristas, de las costosas bacanales que hoy se encuentran probadas por testigos y actrices de los mismos arrebatos viciosos presidenciales, a cambio de contratos insustanciales, pero costosos, con los cuales obtenía la inyección de sus placeres... ¡Ah, abominable tiempo aquel!

Empero, nuestra patria tiene madera y talento para enfrentar lo sucio del inmediato pasado. Y para eso existe la Ley del Péndulo. O sea, la dialéctica de la historia.