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Breve mirada a Cali

Los paisajes naturales de Cali combinan una colina con capilla en lo alto, dos bellos cerros y una imponente cordillera atrás y otra al frente...

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Benjamín Barney Caldas.
Benjamín Barney Caldas. | Foto: El País

5 de nov de 2026, 12:03 a. m.

Actualizado el 5 de nov de 2026, 12:03 a. m.

Esta ciudad andina está localizada en el valle alto del río Cauca, al lado de la cordillera occidental y a 1000 m. s. n. m. con cerca de tres millones de habitantes al 2026, y capital del Departamento del Valle del Cauca, es el principal centro urbano, cultural, económico, industrial y agrario del suroccidente y el tercero a nivel nacional, pero abunda la economía informal e ilegal, y su población presenta fuertes diferencias económicas, sociales, educativas, culturales y políticas; y sus gobiernos municipales de las últimas décadas han sido decepcionantes.

El envidiable clima de Cali es tropical, entre cálido y medio, y entre seco y medio húmedo, con temperaturas a veces altas pero no extremas al mediodía, atardeceres y noches frescas gracias a las brisas del Pacífico, y temporadas lluviosas o secas a lo largo del año. Salvo algunos mediodías calientes, su confortable clima genera bienestar material, físico y psicológico y no demanda vestimentas molestas, y para el confort en las viviendas basta con contar con una adecuada ventilación natural y su correcta ubicación respecto a los rayos del sol.

La arborización de Cali ha sido ratificada internacionalmente como una “Ciudad Árbol del Mundo” por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Arbor Day Foundation, existen más de 382.000 árboles en el casco urbano, distribuidos en 473 especies diferentes. Árboles que definen en buena parte muchas calles y que regularizan las fachadas al cubrirlas parcialmente, lo que es de gran ayuda cuando estas son muy irregulares y de diferentes alturas, como es el caso generalizado en casi toda la ciudad.

Los paisajes naturales de Cali combinan una colina con capilla en lo alto, dos bellos cerros y una imponente cordillera atrás y otra al frente y a lo lejos, formando un amplio y verde valle; varios cristalinos ríos de alta pendiente cruzan la ciudad, y frecuentemente hay amaneceres y atardeceres con coloridos arreboles. A estos paisajes naturales que rodean la ciudad hay que agregar el paisaje urbano tropical de algunos de sus lugares, que hacen que uno se sienta aquí, mientras que en otros, lamentablemente, se crea que se está en otra parte.

El urbanismo de la Cali actual se define por su muy rápida expansión desde inicios del siglo XX, lo que ha llevado a su caótico estado actual y a la falta de continuidad de sus vías de lado a lado, la que, junto con su pésima señalización y control, y la arbitrariedad de los conductores, lleva a la ineficiente movilidad en la ciudad, no sólo la de sus carros particulares, sino también la del transporte público colectivo, ya sea el legal o el pirata, y a que cada vez más se recurra a las motos; y la carecía de andenes adecuados y continuos es vergonzosa.

La arquitectura presente en Cali a inicios del siglo XXI se encuentra en una etapa de transformación marcada por el contraste entre sus pocos pero pertinentes ejemplos del patrimonio moderno de mediados del siglo XX y los desafíos del crecimiento inmobiliario contemporáneo, en el que lo que importa es el negocio, no la arquitectura, a lo que ingenuamente se prestan muchos de los habitantes de la ciudad; a lo que se suma la ignorancia de lo mucho que puede enseñar para una arquitectura regenerativa su patrimonio histórico de tradición colonial.

El comportamiento de los caleños, cuando es directamente de persona a persona, se caracteriza por un trato que suele ser cercano, amable, cálido, festivo y alegre, y una forma de hablar expresiva. Pero también enfrenta importantes retos en materia de cultura ciudadana y educación cívica debido a su intolerancia al circular por la ciudad, y el irrespeto a los otros en los vecindarios con el ruido ajeno y los carros mal estacionados, junto con las permanentes infracciones a la normativa urbana y arquitectónica de la ciudad, corrupción de por medio.

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle. Ha sido docente en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, y en el Taller Internacional de Cartagena, de los Andes, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998.

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