Washington, principios de octubre y el otoño empieza a asomarse en medio de días de calor. Las oficinas en el centro de la capital no llegan a ocuparse del todo después de la pandemia, a pesar de las advertencias y los incentivos, y aún hay espacios para estacionar Los trabajadores de la ciudad siembran flores en los andenes y los ejecutivos desempolvan sus sobretodos. El saqueo y el crimen aumentan tan rápido como las modernas construcciones que desplazan a las familias afroamericanas. La ciudad está más rica, más peligrosa, más joven, repleta de restaurantes caros y yates en el Potomac. Baja el desempleo y aumentan las carpas en las calles donde deambulan muchachos sin oportunidades. A solo diez cuadras del centro, dentro de los imponentes edificios de mármol, entre los que mandan el ambiente, se parece más al zoológico que a la cuna de la democracia.

Los protagonistas del despelote son el Presidente y su hijo Hunter, el expresidente y quizás futuro mandatario Donald Trump, el Presidente del Congreso, y el Senador que preside el comité de relaciones internacionales que definen la relación con Colombia. Todos, por una razón y otra, están en el banco -en el sofá- de los acusados. Cada uno enfrenta cargos serios por temas que tienen en común la marca de una democracia desgastada.

Para empezar, esta semana se hizo historia con la expulsión del presidente del Congreso, Kevin McCarthy en medio de las negociaciones de aprobación del presupuesto nacional, en las cuales McCarthy evitó el cierre completo del gobierno a última hora por medio de una ley de gasto temporal. Su pecado, según los republicanos de Florida que armaron la rebelión, fue negociar con los demócratas para juntar los votos. En un mundo donde el bipartidismo es un pecado, peor aún que cerrar el gobierno, salió por la puerta chica el líder de la mayoría, dejando vacante el cargo por primera vez.

También resulta que el Presidente Biden podría terminar en un juicio político patrocinado por la bancada de la oposición en la Cámara, que vincula a Biden al caso de su hijo, acusado de beneficiarse de la posición de su padre para cometer actos indebidos. Este modelo de ‘impeachment’, utilizado sin éxito en las presidencias de Andrew Johnson, Clinton y Trump, casi ocurre con Richard Nixon, que dimitió antes del voto en su contra. Hoy parece disiparse esa iniciativa ante el revuelo que enfrenta el Congreso, pero Hunter la tiene difícil. A pesar de haberse declarado inocente de los cargos de posesión de armas, enfrenta tres cargos más relacionados con temas fiscales y relaciones con una empresa en Ucrania. Una piedra en el zapato para Biden.

Sobre Trump se ha dicho suficiente. El expresidente, que sigue dominando las encuestas, enfrenta un camino largo y docenas de pleitos en múltiples jurisdicciones con cargos diversos, desde acoso sexual hasta interferencia electoral. Poco impacto crearán sus líos legales en la elección como candidato republicano, si ni sus rivales de partido, cada uno con intención de voto de un dígito, tienen el valor de criticarlo.

Pero ahí no para el desorden. Una nueva y truculenta trama se está desarrollando en el Senado, que parece cada vez más una película de espías con el Senador Bob Menendez, presidente del comité de Relaciones Exteriores al centro. El senador demócrata de padres cubanos ha sido un ícono y un gran amigo de la comunidad latina. También lidera el comité que tiene la palabra frente a la relación de Estados Unidos con América Latina. Hoy se le acusa de aceptar miles de dólares en sobornos por usar sus relaciones con el gobierno de Egipto a favor de una empresa de su estado de Nueva Jersey, a cambio de colaborar para aumentar la ayuda estadounidense hacia ese país. El premio para Menendez y su esposa -egipcia- fue generoso: lingotes de oro, autos de lujo y dinero en efectivo. El senador, al compás de los demás acusados en el alto gobierno, se declaró inocente y se niega a renunciar. Cada día salen aristas a la historia, un truculento hallazgo que involucra a su esposa, un peatón muerto, y un Mercedes regalado.

Faltando solo trece meses para las elecciones, el panorama americano es oscuro. División, impunidad, corrupción y escándalo en el país más poderoso del mundo. Quizás así es la democracia, desordenada, compleja y pública, y según Winston Churchill, mejor que las alternativas existentes.