Cuando Juan Roa Sierra, el 9 de abril de 1948, disparó contra Jorge Eliécer Gaitán las tres balas que le causaron la muerte al caudillo liberal, el gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez, que ya había emprendido una dura violencia contra los liberales, temeroso de que la sospecha de la autoría del crimen cayera sobre el gobierno, resolvió, sin prueba alguna, echarle la culpa al Partido Comunista y al régimen de esa ideología que mandaba en la Unión Soviética. Esa sindicación absurda concluyó en la ruptura de relaciones diplomáticas con Moscú.
En aquel entonces el Partido Comunista era casi inexistente en Colombia y nunca tuvo una participación electoral significativa, pero cualquier triquitraque que sonara, de inmediato ponían presos a los pocos dirigentes de esa colectividad, al punto de que mi pariente Gilberto Vieira White contaba que mantenía en el bolsillo el cepillo de dientes, pues sabía que con frecuencia era sindicado de crímenes que no le habían pasado por la mente cometer.
A mí, que soy un simple burgués liberal, empieza a molestarme que a todos los que apoyamos la candidatura de Iván Cepeda nos tilden de comunistas, sin que tengamos ninguna relación con las ideas que imperaron en la Rusia soviética del siglo XX, y que hoy solo en Cuba y en Vietnam del Norte existen gobiernos que profesan las tesis marxistaleninistas, porque lo de Nicaragua es simplemente una hegemonía de bandidos sin ideología de ninguna clase.
Hay columnistas en los grandes diarios nacionales que no le rebajan el calificativo de “comunista” a Iván Cepeda, sin que aclaren la razón por la cual el senador sea merecedor de tal sindicación. Cepeda es una persona de izquierda, sin que ello signifique estar afiliado a una secta comunista, y no creo que el pueblo colombiano, que es más inteligente que esos columnistas, considere que estar con Cepeda es ser comunista.
El grupo de amigos que se reúne semanalmente en lo que se denomina la Mesa Liberal es, como es obvio, un conjunto de gente que ha militado siempre en el Partido Liberal y que, ante el desastre causado por César Gaviria, resolvió apoyar la candidatura de Cepeda.
Los ataques que se lanzan contra el candidato del Pacto Histórico son idénticos a los que se fraguaron hace cuatro años contra Gustavo Petro, a quien se acusó de que sería el causante de una tragedia nacional de imprevisibles consecuencias, porque sus ideas de izquierda lo conducirían a hacer de Colombia otra Venezuela.
Petro ha ejercido un gobierno con acciones más buenas que malas, pero a quien nadie con justa razón puede calificarlo de comunista.
Yo que he sido permanente observador de la política nacional, veo en el gobierno actual la puesta en práctica de las mismas ideas que han tenido los grandes líderes liberales, tanto en el Congreso como en la presidencia de la República.
No veo diferencia alguna entre las realizaciones de Alfonso López Pumarejo o de Carlos Lleras Restrepo con las que ha llevado a cabo el presidente Petro. Es posible que a veces se exceda en el discurso y diga cosas que no son políticamente correctas, pero el pueblo, que ha sido el gran beneficiario de su gestión pública, así lo reconoce y por eso Iván Cepeda, gracias a lo ejecutado por Petro, está muy cerca de ser su sucesor.
Sería muy grato que los adversarios del progresismo dejaran de usar el remoquete de comunistas para calificar a quienes no queremos que la derecha regrese al poder.