Colombia es un país de regiones. Una de ellas es la región Pacífica, conformada por los departamentos de Chocó, Valle del Cauca, Cauca y Nariño, que en su conjunto suman una extensión territorial de 131.268 kilómetros cuadrados, una población urbana y rural aproximada de 7.116.000 habitantes y una línea costera sobre el Océano Pacífico de aproximadamente 1350 kilómetros.

La región Pacífica, con sus cuatro departamentos y los 178 municipios que la integran, junto con sus variados y cuantiosos recursos naturales y ecológicos, así como su alto potencial en pesca industrial, agroindustria y turismo sostenible, además de su infraestructura hospitalaria, educativa, cultural, deportiva, económica y portuaria, su riqueza gastronómica y su conectividad, entre otras fortalezas, cuenta desde ya con una base institucional significativa. Asimismo, dispone del puerto de Buenaventura, importante salida para las exportaciones hacia Asia y la cuenca del Pacífico.

Estas características constituyen factores determinantes para impulsar el desarrollo regional, mejorar la calidad de vida de su población y contribuir a poner fin a la irracional violencia que, desafortunadamente, han promovido los grupos armados ilegales y el narcotráfico.

Como exconstituyente de 1991 y exgobernador del Valle del Cauca entre 2004 y 2007, considero que, con voluntad política del Congreso de la República que elegiremos democráticamente el próximo 8 de marzo y que iniciará labores constitucionales el 20 de julio del presente año, así como del próximo presidente o presidenta de Colombia, acompañado por los actuales y futuros gobernadores, es posible promover un gran acuerdo nacional entre diferentes que permita convertir a Colombia en un verdadero país de regiones, con mayor autonomía regional, administrativa y financiera.

Bajo la premisa de que Colombia es un país de regiones, conviene señalar que algunas de ellas ya existen de hecho y han desarrollado experiencias positivas de integración y cooperación. Es el caso de las regiones Pacífica, Caribe, Central, Eje Cafetero, Antioqueña, Santanderes, Orinoquía y Amazonas, entre otras, que pueden consolidarse en el futuro como modelos exitosos de cooperación e integración. Actualmente se destacan, por ejemplo, la Región Caribe, la del Pacífico colombiano y la Región Central, conformada esta última por Bogotá como Distrito Capital y los departamentos de Cundinamarca, Boyacá, Meta, Tolima y Huila.

Reconozco que trabajar para convertir jurídica y económicamente a Colombia en un país de regiones no es una tarea fácil, pero tampoco imposible. Lo fundamental es seguir el ejemplo de personas de la diversidad política y social que desde hace varios años han trabajado pacientemente por este propósito. En ese sentido, no debemos olvidar, como afirmaba el pensador y filósofo chino Confucio, que para recorrer mil millas es necesario dar el primer paso.

Por ello, invito a personas de la diversidad política y social de otras regiones del país y de la comunidad internacional a que, ‘unidos en la diferencia’, iniciemos un diálogo nacional sobre las reales posibilidades que tenemos de convertirnos en un país de regiones, menos condicionado por el asfixiante centralismo. En esta perspectiva, España, como país organizado territorialmente en comunidades autónomas y con un funcionamiento descentralizado, puede constituir un referente positivo para Colombia.

De mi parte, agradeciendo a la vida por todas las oportunidades que me ha brindado, manifiesto que, si Dios y la ciencia médica me lo permiten, dedicaré mis próximos años a contribuir, desde un trabajo unitario y progresista, a que Colombia se consolide como un país de regiones, preservando la unidad nacional, fortaleciendo un Estado menos centralista, promoviendo mayores y mejores experiencias de coordinación desde las regiones y colocando en el centro a la gente, empezando por los niños y las niñas.