No, no es fácil de entender. No se puede digerir porque las contradicciones son protuberantes. Aunque debería importar ‘un pito’, me pregunto, ¿cómo nos ve el mundo? ¿Cómo nos ‘leen’? Porque debemos ser una sociedad muy ‘interesante’ para estudiar.

Con una geografía exuberante, maravillosa, desafiante, tenemos en el territorio múltiples opciones de satisfacción y plenitud. Como se expresaría de forma simple ‘lo tenemos todo’ para gozarnos el paisaje, para disfrutar con nuestro entorno. A la par, reaccionamos de una forma sin igual cuando el nacionalismo se nos alborota. Ese estadio de México resonando con el himno nacional, es uno de los momentos inolvidables que difícilmente se nos borrará del corazón. Pero, paradójicamente, soy capaz de ‘matar’ a la vecina en la fila del supermercado porque renegó de ‘mi’ elegido hablando (según yo) oprobios de su vida. ¿Dónde quedaron las 80.000 voces que coreaban el himno nacional? ¿Allí todos eran usuarios del mismo candidato? ¿Cómo se puede hacer un cambio de switch en forma tan olímpica?

Esquizofrenia en explicación sencilla significa “trastorno mental grave y complejo que afecta la forma en que una persona piensa, siente y percibe la realidad”. Como quien se mira en un espejo y no logra reconocerse porque el espejo está quebrado y necesita angustiosamente que alguien o algo le devuelva una imagen que le de seguridad, que le de identidad. Frente a un espejo quebrado no puedo reconocerme, estoy partido. Puedo tener varias identidades de acuerdo al pedacito de espejo en el que me mire y me devuelva una imagen. Pero estoy fragmentado…

¿Cuántas Colombias existen? ¿En cuantos pedazos nos reconocemos como colombianos? Está la Colombia deportiva, la musical, la religiosa, la política… y ¿qué tal la Colombia de regiones donde atravesada una cerca de alambre, el otro departamento es muy diferente al que estoy dejando? La Colombia de las razas, la Colombia de la diversidad sexual… son tantas Colombias que la pluralidad pareciera que no nos enriqueció, sino por el contrario, nos atropelló porque nos confundió de tal manera que el otro o la otra no es mi hermano, sino el diferente que no me ayuda a ubicarme. Por el contrario, me confunde porque no puedo reconocerme en él…

Es como si fuera una nación que aún no ha crecido y necesita angustiosamente la imagen materna del espejo que le diga quién es, que le dé la seguridad de cómo es… los otros diferentes nos confunden, nos angustian, no nos ubican. Si el otro no me devuelve mi misma identidad (los mismos criterios, los mismos conceptos) me pierdo y es entonces cuando surge la violencia en toda su dimensión. La diferencia es con angustia, con terror, con odio. El otro es peligroso porque es diferente… y yo necesito su confirmación de lo que yo soy aceptando que es igual a mí. Tenaz el panorama porque la dependencia de unos y otros volvió invivible la cotidianidad…

Así como existe el psicólogo individual para tratar a un paciente, desde la Academia debería hacerse un diagnóstico a la ‘paciente Colombia’, no para llenarla de rótulos patológicos, sino para crear una política pública de salud mental. Porque no es sano que la diferencia sea tan peligrosa. No somos iguales porque no somos rebaño, pero no encontramos paz en ubicarnos diferentes. Y es urgente la aceptación de esa diferencia, sin satanizar lo que no se parece a mi. Tarea nada fácil pero prioritaria para el nuevo gobierno. No solo somos economía. La convivencia nace de aceptar lo diferente. ¿Lo tendrá en su radar el nuevo Presidente?