Considerando que el sismo del 10/08/2026 afectó, en mayor o menor grado, muchas edificaciones de carácter patrimonial en el Centro Histórico de Cali, y en otras de sus áreas; y que no faltarán los que crean que hay que demolerlas para dar paso a proyectos modernos, argumentando que el Centro necesita renovación, sin importar que sea un crecimiento desordenado. Entonces, es imperativo recordar que una ciudad sin patrimonio es un espacio urbano que ha borrado su memoria arquitectónica, tradiciones e identidad cultura, y terminan pareciéndose a cualquier otro sector comercial moderno y sin alma; los habitantes se desconectan de sus raíces y de la historia local; y los visitantes ya no encuentran un atractivo estético o histórico continuo que justifique recorrer el Centro.
La identidad de los habitantes con su ciudad es el vínculo emocional, cultural y social que los une con el lugar en donde ineludiblemente coexisten; y es en consecuencia el orgullo y el afecto que sienten por su tierra, sus raíces y su comunidad. Las construcciones patrimoniales: edificios, casas, monumentos, plazas y parques de su Centro Histórico, los barrios tradicionales y los lugares de encuentro en ellos, dan sentido al pasado en tanto el origen del presente como orientando su futuro. Junto con la música, la gastronomía, las fiestas populares, las costumbres heredadas y las historias compartidas, conforman el carácter único de cada ciudad, permiten la interacción social de sus diversos habitantes fortaleciendo así la convivencia comunitaria en ella.
Los ciudadanos cuidan y valoran más su entorno patrimonial, natural y cultural, y más si están ineludiblemente integrados, cuando se sienten parte de ellos e identificados con ellos; y todo entorno patrimonial bien preservado ayuda a unir a personas de diferentes orígenes sociales, y procedentes de distintas regiones geográficas e históricas, mediante un respeto compartido por su nuevo territorio, lo que es muy importante para Cali en las próximas décadas del Siglo XXI. Pero, además, dichos patrimonios dan valor al desarrollo local al impulsar la creatividad de muchas personas en diversas actividades, lo que por supuesto atrae un turismo menos invasivo y más culto, mejorando por este medio la economía de todos los habitantes de la ciudad.
Por consiguiente, en Cali urge reparar lo más pronto posible los daños ocasionados por el sismo en su patrimonio inmueble, principalmente iglesias, principiando por reforzar las construcciones más amenazadas, y no dejarlas caer o, aún peor, demolerlas innecesariamente en lugar de proceder a aislarlas provisionalmente en espera de su restauración; y al mismo tiempo proceder a la recuperación de sus cubiertas antes de que las próximas lluvias, ya anunciadas, causen más daños. Comenzando por la primera Iglesia de San Francisco, hoy Capilla de la Inmaculada (actualmente en reconstrucción) junto con el conjunto de la Merced, la Catedral de San Pedro, la Iglesia de San Antonio y, por supuesto de otras edificaciones del Centro Cultural de Cali y otros sectores.
Se trata de intervenir pronto en el patrimonio cultural inmueble de la ciudad, pero pensando en su preservación, la que consiste en la acción de cuidar, proteger y defender algo para evitar su desaparición progresiva después del sismo, impidiendo la identificación de los ciudadanos de Cali con su ciudad; igual que al mismo tiempo hay que proteger los recursos naturales y los ecosistemas en su estado original, limitando o evitando la intervención y explotación ilegal. Para terminar, no con otra utopía, sino con una cierta esperanza posible de alcanzar, que todo lo dicho antes algo ayude a que Cali sea una ciudad con todo su patrimonio, natural y cultural, integrado a todos sus habitantes en su nuevo Plan de Ordenamiento Territorial, POT, en proceso.